Doctor Romagoza trabajará con comunidades marginadas en El Salvador

Por más de veinte años hablar de la Clínica del Pueblo era mencionar al doctor Juan Romagoza, uno de los fundadores de ese centro asistencial que ofrece cuidados de salud y prevención a inmigrantes de escasos recursos en Washington.

Pero a partir del 1 de febrero Romagoza ya no será más el referente de esa clínica, porque renunció a su posición de director para regresar a su país y trabajar con comunidades marginadas, particularmente en el oriente salvadoreño.

Para Romagoza, de 57 años, dedicarse al trabajo en sus años de retiro es parte de una misión que él mismo se ha asignado para poder continuar con algo que dejó pendiente hace veinticinco años, cuando fue forzado a abandonar su país en plena guerra civil mientras ejercía su profesión médica.

“Es que desde que salí de mi país lo hice con la meta de regresar —a pesar del peligro que representa— para estar con mi gente”, destacó Romagoza quien primero vivió tres años refugiado en San Francisco, California para luego radicarse en Washington en 1986.

Antes de llegar a Estados Unidos Romagoza fue secuestrado y torturado por los cuerpos de seguridad de su país, por lo que no solamente sufrió daños físicos irreparables como la incapacidad de una mano para realizar operaciones quirúrgicas, sino también daños sicológicos.

Su caso y el de otros salvadoreños víctimas de tortura alcanzó renombre internacional después que los generales José Guillermo García, ex ministro de Defensa; y Carlos Eugenio Vides Casanova, ex director de la proscrita Guardia Nacional salvadoreña, fueron llevados ante los tribunales estadounidenses y condenados en un juicio civil a pagar millonarias sumas de dinero, tras ser señalados responsables intelectuales por el mando directo.

A pesar del sufrimiento que implica revivir esos hechos Romagoza reconoce que los deseos de trabajar con su pueblo son más fuertes que el temor de recordar el pasado.

En más de dos décadas al frente de la Clínica del Pueblo Romagoza ofreció servicios gratuitos o pago de consultas con donaciones muy bajas que al principio fueron criticados.

Sin embargo, es un modelo original que recupera mucho la filosofía y el concepto de la medicina en los países latinos. Es tener derecho a la salud en una forma culturalmente muy humana en su forma y en su lenguaje, explicó Romagoza.

En esa época los estadounidenses no estaban acostumbrados a esa modalidad ni tampoco a lo holístico en la medicina, pero que finalmente aceptaron y todavía es una norma en la clínica.

“Siento que el miedo que pueda tener de regresar a El Salvador lo he superado mucho con todo este tipo de acciones; que incluso me han dado fuerza, seguridad, confianza y convicción de que lo que estoy haciendo es una continuidad de lo que he hecho siempre para tratar de buscar justicia en la dificultad”, enfatizó.

Reconoció que se siente con un gran compromiso con las víctimas de la represión en la década de 1980 y 1990 y la impunidad con que se cometieron miles de crímenes.

“Por suerte estoy contando y hoy siento que callarme es como continuar esa impunidad; pienso que hay una oportunidad de superar esta etapa y una forma de superarla es quitarse el miedo”, dijo Romagoza.

Explicó que en el departamento de Usulután —de donde es originario— hay mucha gente pobre, sin atención médica y sin ninguna rutina de prevención y hay que proponer la salud desde diferentes ángulos porque todo el mundo allá só

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