Sorbier viaja en el tiempo y el espacio, Gaultier al mundo marino

PARIS (AFP) – El mar y sus habitantes reales o imaginarios inspiran a Jean Paul Gaultier, mientras Franck Sorbier propone un viaje a través del tiempo y el espacio, del novecento hasta hoy, y de las playas europeas a las islas de los Mares del Sur.

Los dos modistas presentaron el miércoles en París sus colecciones de alta costura para el próximo verano.

Franck Sorbier nos invita a un viaje por el tiempo y el espacio, buscando inspiración en la ropa de nuestras bisabuelas, alla por 1900, en el espíritu de los años 30 o en las tradiciones de las islas de los mares del sur, para una colección preciosa y variada, rica en encajes y bordados.

Su desfile es un verdadero espectáculo escenografiado en cuatro cuadros, uno de los cuales acompañado por danzas tahitianas.

De entrada, estamos en un novecento de blanco inmaculado: Un largo vestido de organza blanca con top de cordoncillo que imita los antiguos maniquíes de mimbre, un vestido-pantalón amplísimo de encaje o un conjunto de blusa y pantalón-bombacho que evoca la ropa interior de las damas de antaño, todo ello de encaje bordado y cubierto por un kimono de organza.

Siguen una serie de modelos inspirados de los años 30: un albornoz de playa de seda estampada se luce sobre un bañador de dos piezas negro cuya parte baja cubre ampliamente la cintura, conjuntos de chaqueta y pantalón de crepé a rayas o a lunares, o un largo vestido de organza a rayas blancas y negras cubierto de volantitos.

El diseñador nos lleva después a los mares del sur, con una serie de vestidos de fibra de cáñamo o de rafia bordados con motivos geométricos y étnicos. Las fibras forman a menudo flecos en los bajos de las faldas, como las de las bailarinas de Tahití.

Tras una serie de bellos vestidos multicolores de organza de raso, la novia cierra el desfile con un cortísimo vestido y un velo-casquete de mosaico de encaje blanco.

Sorbier presentó por primera en este desfile varias prendas masculinas, entre ellas un smoking de pantalones cortos, para acompañar el traje de novia.

Desde la modesta almeja a la suntuosa sirena, Jean Paul Gaultier imagina un vestuario venido del mar. El desfile lo abre una sirenita como la de Copenhague, sentada en una roca y rodeada de burbujas. Tras ella, se suceden las faldas y vestidos con motivos de escamas, caracolas, algas, redes y medusas.

Una larga falda plateada, brillante como cola de pez, acompaña un clásico de Gaultier, el pulóver marino.

Pantalones fluidos y acampanados ondulan como algas. Un largo vestido negro luce redecillas en los hombros y dibujos de escamas, la muselina malva que escapa de un vestido ondula como las anémonas marinas.

Un vestido color coral con superposiciones de volantes, y un vestido-pantalón con mostacillas doradas desencadenan los aplausos.

Las sirenas de Gaultier lucen a menudo gorras marinas y tatuajes en la espalda o las piernas.

Largos vestidos y vestidos-pantalón de seda con motivos vegetales aportan un toque oriental.

El vestido de novia causa sensación: una sirena recubierta de oro y abultados senos de nácar, cuyas piernas bloqueadas se liberan gracias a un cierre.

El esperado último desfile de Valentino cerrará por la noche las presentaciones del miércoles.

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