La victoria de Djokovic marca el nacimiento de un grande

MELBOURNE, Australia (AFP) – La victoria del serbio Novak Djokovic en el Abierto de Australia, su primer título de Grand Slam, marca el nacimiento de un grande del tenis que nunca ha ocultado su ambición de convertirse en número uno mundial.

En la final, el joven serbio de 20 años, el primer jugador de este país que gana un ‘grande’, derrotó a la sensación del torneo, el francés Jo-Wilfried Tsonga, en cuatro sets, por 4-6, 6-4, 6-3, 7-6 (7/2), y más de tres horas de juego.

“Es una sensación indescriptible. Todos los jugadores sueñan con esto. Un Grand Slam es especial, dura dos semanas, los mejores jugadores están aquí y al final sólo queda uno. Todavía no me doy cuenta de lo que he hecho”, dijo el ganador.

Aunque más experimentado, Djokovic entró en la Rod Laver Arena más tenso que su adversario, quizás por miedo a no confirmar su hazaña ante el número uno mundial Roger Federer, defensor del título.

En semifinales, el serbio se vengó en tres sets del suizo, que le había derrotado en su primera final de Grand Slam, el pasado septiembre en el US Open.

“Era una sensación extraña, ser favorito en una final de Grand Slam. Siempre es peligroso jugar contra alguien que no tiene nada que perder. Fue muy agresivo al principio. Yo tuve que calmarme y concentrarme. El hecho de tener experiencia en una final me ayudó”, explicó Djokovic.

Contra Tsonga, 38º de la ATP, el número tres mundial tardó set y medio en ajustar sus golpes desde el fondo de la pista, imponer el ritmo en los peloteos y recuperar la movilidad que le hace ser tan difícil de desbordar en defensa.

Fue al final del partido cuando Djokovic enseñó que tiene madera de campeón. Con problemas en un muslo a mitad de la cuarta manga, alejó el fantasma del abandono -desventura vivida dos veces en Grand Slam en Roland Garros en 2006 y en Wimbledon al año siguiente- pasando a la ofensiva para evitar jugar un quinto set.

El serbio neutralizó la única bola de break de Tsonga gracias a una magnífica volea.

Djokovic jugó al más alto nivel el año pasado para instalarse en el trío de cabeza mundial. Fue solamente una etapa, pues apenas llegado al circuito, proclamaba su intención de alcanzar la cima. Una afirmación que podría pasar por pretenciosa si los resultados no acompañaran.

Pero a sus 20 años, el serbio ha ganado ya ocho títulos, entre ellos uno de Grand Slam y dos Masters Series, y ha alcanzado al menos las semifinales en todos los ‘grandes’, gracias a un juego muy completo, tan eficaz con la derecha como con el revés y al servicio, en todas las superficies.

“A menudo veía a las leyendas del tenis levantar los trofeos. Siempre creí en mí. Para algunos, era realista, para otros no, sobre todo teniendo en cuenta la ausencia de infraestructuras en nuestro país”, dijo Djokovic.

El Abierto de Australia de 2008 podría marcar un giro en la historia del tenis. Era la primera vez desde hace tres años que ni Nadal ni Federer estaban en la final, con el suizo disputando las diez últimas. El número uno mundial, que ha ganado doce títulos de Grand Slam, se vio frenado en la carrera por batir el récord de Pete Sampras (14).

“No creo que la historia cambie en un solo torneo. Roger volverá. Estoy seguro de que le veremos muy a menudo”, prefirió decir Djokovic, que por el momento seguirá tercero en el ránking de la ATP.

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