Magnesio y selenio.

Por Teresa Gurza

Pocas veces se oye hablar del magnesio; mineral indispensable para el equilibrio de nuestros cuerpos y para algunas de las reacciones químicas que en ellos ocurren.

Ayuda a los riñones a eliminar el ácido úrico; y purifica la sangre ayudando a evitar infartos, a vitalizar el cerebro y a conservar signos de juventud hasta edades avanzadas.

Casi el 70 por ciento del magnesio que tenemos, está en los huesos; el resto en la sangre y los tejidos blandos.

Por eso, el magnesio es clave para la correcta transmisión de los impulsos nerviosos y el trabajo de los músculos; para regular la permeabilidad celular y desarrollar la estructura ósea, porque si falta magnesio el calcio no se asimila; y para evitar que las células se sobreexciten ante la presencia de hormonas generadas por el estrés.

Entre los alimentos ricos en magnesio están: Higos, limones, toronjas, manzanas, apio, germen de trigo, levadura de cerveza, cereales integrales, legumbres, semillas de girasol, sésamo, castañas, almendras, nueces, cacahuates, pistaches, jengibre, hojas verdes, sal y algas marinas, y pan de miel.

De todos los minerales que necesita nuestro cuerpo, el magnesio es el más indispensable, sobre todo después de los 40 años porque entonces el organismo comienza a absorber cada vez menos magnesio de la alimentación.

Una forma fácilmente asimilable y cómoda para que después de los 55 años nunca falte magnesio en nuestro organismo, es tomar una copita al día de la mezcla que resulte de disolver 30 gramos de cloruro de magnesio en un litro de agua fría, que debe colocarse sólo en recipientes de vidrio.

El magnesio no crea hábito; no tiene contraindicaciones, ni es incompatible con los medicamentos.

Y en cambio es muy útil para dolores de columna, nervio ciático, calcificación, artrosis, próstata, rigidez, calambres, temblores, arterias duras, falta de actividad cerebral, alzheimer, agresividad , arritmia, asma, cáncer, parálisis cerebral.

También para la fatiga crónica, diabetes, enfermedades del corazón, hipertensión, cálculos renales, menopausia, migraña, esclerosis, síndrome premenstrual, desordenes psiquiátricos, artritis reumatoide, y estrés.

Fue el médico Francés Pierre Delbet, de nacionalidad francesa, quién en 1914 descubrió casi casualmente los efectos benéficos del cloruro de magnesio, buscando alguna sustancia que ayudara a curar a soldados de la Primera Guerra Mundial, sin formar pus como los antisépticos.

Al ver que las heridas cicatrizaban rápidamente, se atrevió a dárselos en forma oral mezclado con agua, y vio que se aliviaban de otros muchos males que padecían.

Otro mineral útil para nuestra salud es el selenio, porque ayuda a combatir las consecuencias de los llamados radicales libres, que producen envejecimiento, cáncer, alteración del ADN, arteriosclerosis, procesos inflamatorios crónicos, cataratas y enfermedades cardiovasculares.

De acuerdo con datos de la doctora Jennifer Humphreys, nutrióloga de Clínica Alemana de Santiago, entre el 1 y el 3 por ciento del oxígeno que consumimos se transforma en radical libre.

Y sus efectos se pueden ver fácilmente en un ejemplo muy sencillo, ¨qué pasa cuando uno muerde una manzana y la deja?. Se oxida ¨verdad?

Pues bien, eso pasa también en nuestros cuerpos; porque los radicales libres son capaces de oxidar de modo indiscriminado muchas estructuras biológicas, en un proceso denominado "daño oxidativo".

Y aunque no está aún comprobado, estu

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