En la frontera de Haití y Dominicana, la ONU lucha contra los tráficos

MALPASSE, Haití (AFP) – En la frontera entre Haití y República Dominicana, cascos azules de la ONU patrullan para ayudar a luchar contra los tráficos de droga y armas, verdaderos flagelos para estos dos países que comparten la isla Hispaniola en el Caribe.

Un convoy de vehículos militares de la ONU se desplaza por una ruta polvorienta a lo largo del lago Azuei, que se extiende entre ambos países. A bordo, cascos azules vigilan la frontera entre los dos países.

“En total, unos cuarenta soldados y una docena de policías trabajan junto a los haitianos para ayudar a garantizar la seguridad de la frontera y disuadir a quienes realizan actividades ilícitas (como venta) de drogas y armas”, explica el jefe de la misión de la ONU en Haití, Hédi Annabi.

Desde mediados de diciembre, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah) ha desplegado 200 cascos azules en cuatro ciudades fronterizas. En una segunda etapa se movilizarán cascos azules en diez puertos haitianos. También se desplazarán más de 15 barcos en aguas territoriales haitianas, según la ONU.

Haití y la República Dominicana están considerados plataformas del tráfico de drogas desde América Latina hacia Estados Unidos.

La Minustah dispone desde 2004 de 7.060 militares y más de 2.000 policías internacionales para garantizar la estabilidad política del país, sacudido las últimas décadas por numerosas crisis políticas violentas.

En Malpasse, en la frontera nordeste de Haití, soldados jordanos y policías internacionales asisten a sus colegas haitianos, pero también a los funcionarios aduaneros y de inmigración.

“Los militares y los policías de las Naciones Unidas apoyan a la Policía haitiana y suministran un marco de seguridad a las oficinas públicas”, dice el comisario de policía haitiano Varnel Lacroix, que se queja del escaso número de efectivos: 33 policías para un lugar tan importante.

“Debemos administrar un flujo de 800 a 1.000 personas que cada día atraviesan la frontera. Algunas veces hay delincuentes que se mezclan con la muchedumbre que nosotros no logramos identificar”, admite el funcionario.

Los policías haitianos, mal equipados, son muy a menudo superados por las circunstancias.

“Aquí trabajamos en condiciones difíciles”, dice el comisario Lacroix sentado en una oficina cubierta de polvo. “No tenemos agua ni electricidad en la comisaría, no hay lugar para alojar policías, que ocupan una antigua sede bancaria transformada en dormitorio colectivo”, precisa.

A causa de estas dificultades logísticas y materiales, no sorprende que al caer la noche policías y funcionarios vayan a dormir a la ciudad del lado haitiano o incluso atraviesen la frontera para hallar algo más de confort en la República Dominicana.

“En esas condiciones, los militares de la Minustah sólo trabajan durante el día”, agrega otro policía haitiano que solicita el anonimato.

El primer ministro haitiano, Jacques-Edouard Alexis, acaba de realizar una visita a Malpasse para enterarse personalmente de la situación. Acompañado por miembros de su gobierno y del enviado especial de la ONU en Haití, prometió construir nuevos edificios para alojar a los agentes de seguridad haitianos.

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