La vida de Frida Kahlo estuvo llena de pasión

Algunos de los objetos que más resaltan en la obra "Frida Kahlo, la pasión", que presenta el Teatro de La Luna, son una mesa con solo dos sillas de junco y madera que muestran la pequeñez de la familia, un chinero donde en lugar de platos y tasas abundan las botellas de tequila, y dos talleres de algún muralista a cada lado de la sala con trabajos a medio andar.

También destacan en el centro de la sala una mesa pequeña para pintar con varios cuadros de rostros de regular tamaño, incluido uno con rostro de mujer y cuerpo de cabra atravesado por flechas, un florero con un ramo de gladiolas y un pomo de barbitúricos junto a una cama giratoria adornada con tres cojines bordados de corazones rojos donde destaca la palabra “amor” y al fondo una malla blanca con algo que parece una bodega.

Aparentemente todo es normal en esa casa de hace más de setenta y cinco años de antigüedad hasta que empiezan a sonar los lamentos de la conocida canción “La llorona”, que por su título sugiere que algo camina mal en esa familia.

Y así queda comprobado cuando Frida hace su entrada a paso lento y empieza a monologar con unos gestos en su rostro que además de mostrar un dolor físico también esconden un dolor psíquico.

Y en efecto Frida, que muy bien encarna la actriz venezolana Anabel Marcano, poco a poco empieza a desempolvar su pasado —y su presente— donde sale a flote no solamente que nació con la poliomielitis que le deformó el cuerpo, sino también un accidente automovilístico que la mantuvo medio paralítica y en cama por el resto de su vida envuelta en lamentos de todo tipo, bebidas embriagantes y calmantes para el dolor.

Aparte de eso toda su vida la vivió esa enigmática pintora con la frustración de no tener un hijo, soportar la humillación del divorcio y luego casarse de nuevo, la infidelidad de su esposo el muralista Diego Rivera, papel impecablemente encarnado por el paraguayo Peter Pereyra; quien no solamente tiene sus aventuras amorosas fuera del matrimonio con la propia hermana de Frida, sino también con la actriz María Félix, rol que muy bien interpreta la actriz peruana Cynthia Urrunaga.

Al entrar de lleno a la obra de dos horas de duración se puede ver que en cada apunte o en cada línea o forma que quiso dar la artista a sus lienzos, trazaba su propio perfil pero también trazaba a sus amigos y sus amores —hombres y mujeres por igual—, sus abortos y sueños en los que hablaba a veces con los muertos, su dolor agudo y constante, que la siguieron hasta la muerte a los 47 años de edad en 1954.

Todos esos detalles son muy bien encarnados por el elenco de La Luna: Marcano, Pereyra, Urrunaga y su hija Cynthia Ortiz-Urrunaga que interpreta el papel de calavera y quien solamente aparece por unos instantes al final de la obra.

Cabe destacar que la coreografía se asemeja mucho a la década de los treinta, cuarenta y cincuenta, que es cuando sucedió la mayor parte de los trágicos sucesos en la vida de Frida Kahlo, la mexicana más conocida en todo el mundo y de quien en el 2000 se subastó uno de sus cuadros en mas de 5 millones de dólares.

Urrunaga y Marcano son las que más se acercan a la realidad de los personajes, aunque a Frida nunca se le ve fumar, vicio que lo tenía muy pronunciado, pero sí muestra su fuerte adicción por el alcohol y los calmantes para el dolor.
Aunque la presentación de Peter Pereyra en toda la obra es impecable su parecido con Diego Rivera es abismal.

Pereyra es un joven flaco, medio rubio y con aspecto europeo, que es todo lo contrario de Rivera, de rasgos indígenas, moreno y panzón. De todas formas &ld

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