Neoyorquinos se resignan a fumar en las calles o en sus casas

Nueva York.- Los neoyorquinos se han resignado a un a nueva realidad: fumar en las calles o en sus casas, cinco años después de que Nueva York le declaró la guerra al humo del tabaco.

La restrictiva Ley Antitabaco, que entró en vigor en abril de 2003, prohibe fumar en cualquier bar, restaurante o discoteca, incluso el simple hecho de tener un cenicero a la vista es motivo de multa, que va de los 200 a los dos mil dólares y la pérdida de la licencia.

Antes ya estaba prohibido hacerlo en lugares públicos y oficinas y en restaurantes de cierto tamaño.

Sin embargo, a pesar de las dramáticas consecuencias que muchos pronosticaban, sobre todo en el terreno económico para bares y restaurantes, los datos demuestran que no ha sido así.

Si bien en los primeros meses se notó un descenso en el número de personas que acudía a estos locales, antes de que la ley cumpliera su primer año, el volumen de negocio de los 13 mil establecimientos afectados era el mismo al de antes de la primavera de 2003.

La normativa, que fue un asunto personal del entonces alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, ex fumador, se promulgó argumentando que quería proteger la salud de los fumadores pasivos, como los empleados que trabajan en dichos locales.

De acuerdo con estimaciones oficiales, gracias a esta ley han dejado de morir unas mil personas por causas relacionadas con el tabaco o por respirar el humo de cigarrillos.

De forma paralela a esta iniciativa, y en el marco de la campaña impulsada por Bloomberg, los impuestos al tabaco fueron aumentando de forma drástica, hasta los siete dólares de precio promedio que tiene una cajetilla de tabaco de una de las marcas más populares.

Los índices de fumadores han bajado en Nueva York en los últimos cinco años. Según datos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades del gobierno local, el número de fumadores de 2006 fue un 20 por ciento menor que el de 2002, es decir, 240 mil fumadores menos.

Esta cifra de 2006 es la más baja que se haya registrado hasta la fecha (17.5 por ciento), y es el más bajo de Estados Unidos con excepción de cinco estados (California, Washington, Idaho, Utah y Connecticut).

En el último año, el hábito de fumar disminuyó entre los hombres (de 22.5 a 19.9 por ciento) y entre los hispanos (de 20.2 a 17.1 por ciento).

Y es que muchos han desistido de su hábito debido a las dificultades para seguir con él.

Por ejemplo, la situación empeora gravemente cuando llega el invierno y, en ciudades como Nueva York que alcanza temperaturas de 15 grados bajo cero, fumar en la calle se convierte en todo un desafío.

El recuento de beneficios que ha traído la ley antitabaco para los neoyorquinos coincide con el análisis que realiza en la actualidad el Senado de México sobre la Ley General para el Control del Tabaco.

– NOTIMEX

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