Raúl Castro, el gran favorito para sustituir a su hermano Fidel

LA HABANA (AFP) – Raúl Castro, el hombre que tiene el apoyo irrestricto de las Fuerzas Armadas y del Partido Comunista, es el casi seguro sucesor de su hermano Fidel Castro en la Presidencia de Cuba que será elegido el domingo, con sus 76 años de edad como elemento en contra.

Aunque en Cuba nada está escrito, todo parece indicar que Raúl será designado en la sesión de instalación del nuevo Parlamento como el presidente del Consejo de Estado -Ejecutivo-, a cuya postulación renunció el martes Fidel Castro, de 81 años, debido a que aún no se recupera de una enfermedad.

El cargo, desde siempre ocupado por Fidel, concentra mucho poder, pues además de jefe de Estado y Gobierno, es también Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

“Afortunadamente cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia”, manifestó Fidel en su texto de renuncia, en lo que algunos interpretaron como un apoyo a Raúl y a un gobierno colectivo de históricos y otros de la “generación intermedia”, cuyo más fuerte exponente es el vicepresidente Carlos Lage.

En las calles de La Habana, las opiniones están divididas, algunos dan por seguro a Raúl, pero otros se inclinan por Lage, médico de 56 años, pues su edad y buen estado de salud marcarían una estabilidad de varios años.

Lage fue el artífice de las reformas económicas de los años 90, apoyó a Castro en el 2003 en la contrarreforma o centralización de la economía, y con poco carisma y capacidad oratoria, genera sin embargo simpatías por su sencillez y modestia.

Pero Raúl llega al domingo con un abultado expediente favorable: 19 meses de Gobierno provisional debido a la enfermedad de Fidel, en los cuales cambió su imagen de enérgico general por la de pragmático estadista, hombre de familia y partidario de las discusiones y la reforma del socialismo.

En ese lapso, abrió un proceso de reuniones donde más de cinco millones de cubanos hicieron catarsis convocados a hablar con “sinceridad y valentía”, a la vez que llamó a hacer los cambios necesarios, incluso estructurales.

“Que nadie se llame a engaño, Raúl es ante todo un revolucionario y un fidelista”, comentó un diplomático europeo dibujando los límites de una posible reforma en Cuba.

Raúl Castro tiene la “legitimidad” de haber acompañado fielmente a su hermano en toda la lucha y en el triunfo de la revolución desde 1959, cuando pasó a ser el número dos.

En ese año fue nombrado Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), transformando a la guerrilla del Ejército Rebelde en una moderna fuerza que con armamento soviético desarrolló victoriosas campañas en Africa y levantó su propia industria militar.

La crisis económica que sobrevino tras la desaparición del bloque soviético a principios de los 90 puso en difícil situación el sostenimiento de las FAR.

Dando muestras de capacidades de administrador y hombre de negocios, redujo las tropas regulares, puso a los soldados a producir alimentos, desarrolló un equipo de “tanques pensantes” para la economía y mandó a parte de sus generales y coroneles a crear una empresa de turismo, Gaviota, para recaudar moneda extranjera.

“Cuiden a Raúl más que a mí, porque a Raúl le queda más juventud, más energías que a mí”, dijo Fidel premonitoriamente a los miembros del Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1997, y agregó “espero que ustedes puedan contar con él mucho más tiempo”.

El equipo que sustituya a Fidel en el poder, señalan los analistas, está obligado a sustituir el liderazgo por cambios que hagan eficiente la economía general y doméstica, preparar al país para la transición generacional y realizar ajustes políticos para fortalecer la institucionalización y la democracia.

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