Primeros frutos amargos del socialismo chavista.

Por Federico Muggenburg.

Se viven ya en Venezuela los primeros frutos amargos de la aplicación implacable del "socialismo del siglo XXI", es decir, la prototípica manipulación y asfixia de las libertades ciudadanas evidenciada, ahora, en la mutilación de libertad económica.

En Venezuela se vienen manipulando las cifras de las grandes variables económicas y de todos los instrumentos o mecanismos más elementales de la gestión económica.

Los abundantes ingresos en dólares, por petróleo, han sido utilizados a favor de los monopolios gubernamentales, en subsidios al antojo del dictador Chávez, en el control de precios de más de 400 productos básicos y en la generación de una inflación acumulada de más del 120 por ciento desde febrero de 2003 a la fecha, así como en la compra voluminosa de armamento de todo tipo y en la subvención a los "círculos bolivarianos".

Todo esto ha provocado la escasez de productos básicos como: leche, aceite, pollo, huevo, azúcar, pasta, sardinas, carne, harina y lentejas.

La población lo atribuye directamente al mal gobierno de Chávez, el otrora ídolo de las multitudes, del líder de la fantástica revolución "bolivariana", que ha presumido desde hace años ser el heredero de Fidel Castro Ruz e impulsor político y financiero de Evo Morales, en Bolivia, quien tiene a su país al borde de la fractura.

Igual del nicaragüense Daniel Ortega, que ha retomado los falsos y caducos argumentos del "odio de clases sandinista"; y de las accidentadas decisiones y postulados de Rafael Correa en Ecuador; aunque también arrastra, en su propio desprestigio, las derrotas de Ollanta Humala, en Perú; de Rigoberta Menchú, en Guatemala y hasta la de Andrés López Obrador, en México.

Este comandante venezolano, de una inventada y falsa "estirpe ideológica bolivariana", se ha confrontado en su país con los líderes empresariales, sindicales y de los medios de comunicación; ha realizado purgas en el ejército e insultado a la jerarquía de la Iglesia Católica.

También ha hecho escarnio público de las autoridades políticas de Estados Unidos de Norteamérica, México, Perú, España y Colombia y de jerarcas eclesiásticos como el cardenal hondureño, Don Oscar Rodríguez Maradiaga, a quien llamó públicamente "loro del imperio".

Y no faltó el caso con el Papa Benedicto XVI, del que se mostró violentamente indignado, por su discurso inaugural en la V Asamblea General del Episcopado Latinoamericano, en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007.

¨Qué le faltaba decir al "orgullosamente zambo" y desbocado coronel bolivariano? Solamente, echarle la culpa de su propio fracaso socialista, a sus llamados "enemigos irreconciliables".

La escasez de productos, el chantaje por los vales de racionamiento, las largas filas por alcanzar algo de alimentos básicos y de medicinas, la vigilancia de todos y cada uno de los ciudadanos, calle por calle y manzana por manzana, prototípicas de los regímenes dictatoriales comunistas, han servido de pretexto para acusar de un inexistente "bloqueo económico norteamericano".

Ahora resulta que los causantes de su desgracia política (el referéndum) y su fracaso económico (inflación y escasez) son: la empresa petrolera ExxonMobil, a la que ya suprimió el suministro de crudo; la lechera italiana Parmalat y la suiza Nestlé, por "esconder" los productos.

La refresquera mexicana Femsa, a la que invadieron sus instalaciones; a la alimentaria mexicana Bimbo por "ultraderechista" y, hace poco tiempo, a la cementera mexicana Cemex, por exportar la mayor parte de su producción, ignorando a los consumidores nacionales, etc., etc.

Los argumentos son tan endebles y ridículos como el reciente señalamiento del embajador venezolano en México, Roy Chaderton Matos, quien escribiera en diciembre pasado en un "informe, posterior a una labor investigativa", dirigido a su canciller Nicolás Maduro -titulado allá como: "Ministro del Poder Popular para las Relaciones Exteriores"-, que el dueño de la empresa Bimbo: ".señor Lorenzo Servitje, a quien fui presentado en días pasados, ni siquiera se molestó en decirme el elemental "mucho gusto" y me observó con una mirada no amistosa, (­uy, qué miedo!) situación peculiar cuando se constata la enorme fortuna que esta empresa genera en Venezuela". (sic).

En México, Don Lorenzo Servitje declaró tajantemente, el 12 de febrero: "Miente el enviado de Chávez". Es oportuno recordar que Hugo Chávez (ahora llamado por el escritor Carlos Fuentes, "lloricón," apócope combinado de llorón y maricón), ha mantenido desde hace años una sistemática actitud de injerencia en la vida política mexicana.

Tuvieron que dejar el país dos de sus embajadores: Lino Martínez, en mayo de 2004, y Vladimir Villegas, en noviembre de 2005. Después supimos que, en el documento titulado "Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social 2007-2013" del gobierno de Chávez, se indica en la sección de Política Internacional, "fortalecer los movimientos alternativos en Centro América y México, en la búsqueda del desprendimiento del dominio imperial".

Es hora ya de que la Cancillería mexicana, deje de buscar "el abrazo del Presidente mexicano con cualquiera de los hermanos Castro y con Chávez, para estrellarlo en la cara de Andrés López".

Se pagaría un precio altísimo, por tratar de seguir una "obsoleta teoría diplomática" de los tiempos de la guerra fría y del priato, que nada tiene de pragmática. Chávez ha empezado a morder el polvo con el "viejo socialismo del siglo XIX y del XX", que él disfraza como "nuevo socialismo del siglo XXI", que sólo existe en la mente de sus "inseminadotes ideológicos": el hispano-francés Ignacio Ramonet, el germano-mexicano Heinz Dieterich y la chilena-cubana Marta Harnecker. (Notimex) (El autor es analista político)

– NOTIMEX

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