El ratoncito de “Ratatouille” cocinó su camino al Oscar

HOLLYWOOD, EEUU (AFP) – “Ratatouille”, la cinta en la que una rata sueña en convertirse en un chef parisino, fue la mejor receta para lograr el éxito de taquilla y la aclamación de la Academia de Hollywood, al alzarse el domingo con el Oscar a Mejor Película Animada.

La rata sibarita se impuso así a la premiada “Persépolis”, de la franco-iraní Marjane Satrapi, que cuenta con humor y fantasía la revolución islámica de 1979 en Irán, y “Surf’s Up” (“Locos por el surf” o “Los reyes de las olas”), sobre un grupo de pingüinos surfistas.

Se trata de un nuevo premio para la productora Pixar de Disney, que para relatar las aventuras de la rata Rémy debió pasar horas observando los secretos de los grandes restaurantes de París.

Encabezado por un dúo de sibaritas como director y productor, el film que fue un éxito de taquilla en todo el mundo recrea fielmente el restaurante tradicional de un París mágico y algo pasado de moda, con altos muros recubiertos de terciopelo, patrón imponente y agitada cocina.

La película se inspiró en restaurantes parisinos como la Tour d’Argent o el vistoso Le Train Bleu.

El ambiente en la cocina de la película es muy profesional. Rémy, la rata, es diestra en cada oficio: chef, su adjunto, jefe de sector, salsero… “Deja siempre limpia tu mesa de trabajo”, dice Colette, la cocinera, que también le enseña el arte de reconocer un buen pan: “Escucha, es una sinfonía crocante.”

La idea es que al espectador se le haga agua la boca. El decorador, un ex cocinero, preparó verdaderamente todos los platos del film, para ayudar a los animadores a reproducir minuciosamente la realidad: sesos, vol-au-vents, escalopes…

Parte del equipo terminó como en un curso de cocina. Los demás recurrieron a Thomas Keller, el chef californiano de mayor renombre en Estados Unidos.

“Lo más gracioso fue crear la ratatouille, el plato –legumbres al sartén– que en el film se convierte en principal, y verla después recreada en la versión animada”, contó a la AFP Keller, que también presta su voz a un cliente. El chef catalán Ferrán Adria hace lo propio en la versión española.

Más allá de la vida entre cacerolas, “Ratatouille” evoca además el poder de los críticos gastronómicos, la carrera desenfrenada por las estrellas de calificación de las guías especializadas y la tentación venal de ceder su nombre a una marca de platos congelados.

El tema escogido fue sin duda un desafío para Pixar, aunque refleje un interés creciente por la gastronomía refinada en Estados Unidos, donde los grandes chefs se convierten en famosos y Las Vegas es un destino culinario.

“Ratatouille” además no era un título evidente y hubo que poner su pronunciación fonética en inglés en el cartel (ratatúy, en español).

“Aceptamos con gusto provocar un poco al público”, contó con ocasión de su estreno el productor Brad Lewis a la AFP. “Aquí la gente regresa de Francia diciendo ‘adoro la comida y a los franceses’. Quisimos hacer lo mismo con el film y decir ‘vengan a verlo, van a ver a los franceses, a la gran gastronomía y se van a reír”.

Y para Pixar (“Toy Story” o “Buscando a Nemo” o “Monsters) representó un nuevo Oscar en su larga historia de éxitos.

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