Fidel Castro conserva la última palabra en Cuba y frustra sueños de cambio

LA HABANA (AFP) – Fidel Castro se aseguró a través de su hermano y sucesor Raúl mantener una influencia ilimitada -incluyendo un derecho al veto- sobre la evolución futura de Cuba, generando una “continuidad” que frustró las expectativas de cambio en la población.

Raúl Castro, en su discurso tras su nombramiento, hizo votar el “principio de consulta” a su hermano mayor Fidel, de 81 años, sobre cualquier decisión “especialmente importante” en materia de defensa, política exterior o economía.

Fidel Castro -que renunció por enfermedad tras casi medio siglo en el poder aunque sigue siendo el jefe del Partido Comunista cubano- es “irremplazable” y “único”, por lo que seguirá teniendo un papel decisivo, previno su hermano, que citó 15 veces su nombre en su discurso y otras tantas veces sus “reflexiones”.

Como número dos del gobierno fue nombrado José Ramón Machado, de 77 años, símbolo de la más estricta ortodoxia marxista leninista. Hombre del partido desde siempre, se trata de un “profesional” de los engranajes más íntimos de la burocracia cubana, además de un completo desconocido para muchos jóvenes cubanos.

Como un viejo jugador de ajedrez, Fidel Castro comentó el lunes con satisfacción: “La defensa es hermética” ante los “planes del imperio” estadounidense.

Las primeras reacciones en las calles de Cuba son negativas, dado que la “continuidad” anunciada frustró las expectativas de cambio, tras medio siglo de vivir en una escena monolítica.

“¡Qué decepción!”, opinó un conductor de bici-taxi de La Habana, de 57 años. “Nos quedamos con hambre” de cambios, dijo.

“No estoy para nada de acuerdo con la elección de Machado”, dijo un obrero de la construcción.

“Se habla mucho de renovación y miren a este gobierno, parece un asilo de ancianos”, agregó.

Tras homenajear a su hermano, Raúl Castro habló de cambios: “Repito que el país tendrá como prioridad satisfacer las necesidades elementales de la población”, dijo, para luego anunciar el levantamiento “en las próximas semanas” de prohibiciones “excesivas”.

La palabra “reforma”, desterrada del lenguaje oficial, no fue usada, pero Raúl Castro dijo tener voluntad de “cambios estructurales”.

Por tanto, una vez rendido tributo a su hermano, Raúl Castro reiteró sus propósitos: el sistema de salarios, las subvenciones que aseguran la gratuidad de los servicios y la libreta de racionamiento, son “irracionales e insostenibles en las condiciones actuales de nuestra economía”.

Pero para eso tendrá que convencer a su hermano y a la vieja guardia de que las flexibilizaciones de las que habla no son un primer paso hacia una “restauración del capitalismo”.

El secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, llegó de visita y declaró estar convencido de que “Raúl Castro continuará” realizando una política de “desarrollo de Cuba” y de sus relaciones “con el mundo”.

Los cubanos deben trabajar para la “reconciliación”, recomendó.

En cuanto a Estados Unidos, tras una primera reacción declarando que Raúl Castro representaba “un potencial de cambio”, la Casa Blanca minimizó sus dichos y confirmó que continúa con su embargo a Cuba.

En el resto del mundo el nombramiento generó reacciones mesuradas, con varios países occidentales pidiendo cambios democráticos.

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