Operación ambiental en Amazonia brasileña genera revuelo político y social

TAILANDIA, Brasil (AFP) – La operación del gobierno brasileño contra la devastación de la Amazonia desató un revuelo político y social en el empobrecido municipio de Tailandia, cuya economía depende de la madera extraída de la selva.

En una aparatosa operación, agentes federales armados a guerra recorren empresas madereras y aserraderos para incautar troncos cortados ilegalmente en ese municipio de 55.000 habitantes a unos 250 km de Belen, capital de estado de Pará (norte).

Este jueves el alcalde de Tailandia, Paulo Jaspe, se reunía con diputados federales y representantes de la región llegados de Brasilia para encontrar la forma de preservar la Amazonia sin condenar al hambre a sus habitantes.

El gobierno federal detectó el mes pasado que la deforestación de la Amazonia está en aumento. Entre agosto y diciembre fueron devastados 7.000 km2, de los cuales más de la mitad (4.000 km2) en noviembre y diciembre, según cifras oficiales.

Ese incremento podría significar un retroceso para Brasil, que en los últimos tres años consiguió reducir en 59% la deforestación amazónica.

El operativo en Tailandia es el primero de gran magnitud contra los cortadores y vendedores de madera extraída ilegalmente así como contra la producción de carbón en hornos para las siderúrgicas, todo lo cual afecta directamente la principal actividad económica de la región.

Debido al cierre de aserraderos y hornos, cientos de personas ya quedaron sin empleo. Solo la industria maderera de Tailandia tenía casi 3.000 operarios registrados en casi una centena de aserraderos.

La actividad maderera local solamente en Pará moviliza unos 2.000 millones de dólares anuales.

En una jugada política que le valió ovaciones, el alcalde de Tailandia ordenó el reparto de 5.000 canastas de alimentos para los más afectados y luego 1.500 panes y cientos de bizcochos.

A las puertas de su hacienda convocó a unas 4.500 personas de diferentes condiciones, que además aprovechaban para expresar sus reclamos.

Gran parte de la multitud llegó al campo en las afueras de la ciudad en bicicleta y, bajo intenso calor, aguardó durante horas que dos camiones repartieran miles de cestas con azúcar, frijoles, fideos, leche en polvo, café, aceite y harina de maíz, entre otros.

"Esto al menos asegura la comida por un par de días", dijo un viejo y delgado hombre al salir con su bolsa.

Mujeres embarazadas con niños aupados, jóvenes, viejos –entre ellos ex trabajadores madereros o de hornos clandestinos de carbón– fueron formando dos largas filas divididas por sexo.

Muchos expresaban su angustia: "Hace 15 días que estoy desempleada y no sé qué voy a hacer, no hay condiciones aquí. Muchos quieren emigrar, pero ¿a dónde?, será igual en otras partes", declaró a la AFP Iracife Souza.

Una mujer que se identificó como Alvoura, que ayudó como voluntaria en el reparto, se desahogó: "puede que esté bien, pero sólo dan valor al tema ambiental y dejan de lado lo social. Será un caos si se corta la principal actividad, se precisa una solución inmediata".

La preocupación aumenta a medida que la fuerza de tarea con unos 300 agentes, entre fiscales ambientales y policías, realizan controles y aprehensiones.

Días atrás la tensión tuvo su clímax en un operativo del estado de Pará, que fue suspendido cuando miles de personas, presuntamente incentivados por empresarios, resistieron el transporte de 13.000 metros cúbicos de made

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