El príncipe soldado Enrique regresa de combatir a talibanes en Afganistán

BRIZE NORTON, GB (AFP) – El príncipe Enrique, tercero en el orden de sucesión al trono británico, regresó el sábado a Gran Bretaña, tras revelarse que había pasado diez semanas combatiendo en secreto a los talibanes en Afganistán.

El avión de la Real Fuerza Aérea británica, en el que viajó Enrique, de 23 años, aterrizó a las 11H30 GMT en la base Brize Norton de Oxfordshire (centro) tras abandonar Afganistán el viernes por la tarde.

Su padre, el príncipe Carlos, y su hermano Guillermo lo esperaban en la base aérea, a unos 80 km de Londres, tomada por asalto por decenas de periodistas.

El pelirrojo príncipe soldado, conocido en el ejército como el subteniente Gales, descendió del avión vestido con uniforme de camuflaje y cargando una mochila, junto con decenas de compañeros. Esta vez, su característica sonrisa no iluminaba su rostro.

Enrique está, al parecer, muy molesto por haberse visto obligado a volver de manera precipitada a Gran Bretaña, sin haberse podido despedir de muchos de sus compañeros.

Su viaje se debió a la revelación, en la página web estadounidense Drudge Report, de que participaba en operaciones militares en Helmand, una peligrosa provincia en el sur de Afganistán.

Pero el príncipe, que hace unos años solía aparecer en las portadas de los diarios fotografiado a sus salidas de clubs nocturnos, por haber golpeado a un reportero o disfrazado de nazi, ahora recibe elogios unánimes de la prensa, la opinión pública, los políticos y su familia.

“Estoy inmensamente orgulloso de lo que ha hecho Enrique”, dijo el príncipe de Gales en la base aérea.

Carlos de Gales, que reconoció la dificultad de mantener en secreto su estancia en Afganistán desde diciembre, dijo estar “muy aliviado” de que haya vuelto sano y salvo.

Elogió también a los soldados y a sus familias, a las que dijo comprender mejor. “Les debemos tanta gratitud”, comentó.

La reina Isabel II también rindió tributo a su nieto, por haber hecho “un buen trabajo en una situación difícil”.

La conducta “ejemplar” de Enrique en Afganistán, donde en ocasiones pidió ataques aéreos contra posiciones talibanes (según imágenes divulgadas por televisión) ha sido elogiada por el mando militar británico, el primer ministro Gordon Brown y los líderes de la oposición.

Brown afirmó el sábado que “todo el país está encantado” de que haya regresado sano y salvo.

Enrique — primer miembro de la familia real enviado al frente desde la participación de su tío, el príncipe Andrés, en la guerra de las Malvinas contra Argentina, en 1982 – no hizo declaraciones a los reporteros, con los que ha mantenido en el pasado una relación tensa.

Pero un responsable de Clarence House, residencia oficial del príncipe Carlos y sus hijos, afirmó al diario Daily Telegraph que Enrique se muere de las ganas de regresar al frente.

Enrique viajó a Afganistán después de que se anularan, en mayo pasado, los planes para enviarle a Irak, por amenazas de secuestro o muerte.

El mando militar británico decidió su regreso “inmediato” tras conocerse su presencia en Afganistán.

Los medios de comunicación, que habían aceptado guardar el secreto hasta su vuelta a cambio entrevistas, inundan ahora sus páginas con imágenes y reportajes.

En entrevistas con reporteros enviados a Afganistán, Enrique dijo ser consciente de que si se daba a conocer su presencia en ese país podría convertirse en un objetivo de grupos insurgentes o la red Al Qaida.

El pacto de silencio saltó por los aires el jueves. Y sorprende que haya durado diez semanas.

Ingrid Steward, experta en asuntos reales, declaró a Skynews que el príncipe “es un soldado profesional, y no va a quedarse con los brazos cruzados”.

Mientras tanto, Enrique pasará el fin de semana en una quinta rural de Highgrove (cerca de la base), donde se quitará su uniforme, al menos por un tiempo.

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