Una moda refinada y mucho color para el próximo invierno

PARIS (AFP) – Las presentaciones de prêt-à-porter para la temporada otoño-invierno 2008-09, que terminaron el domingo en París tras ocho días de desfiles intensos, mostraron una gran vitalidad y variedad creativa, con una moda sumamente refinada, próxima de la alta costura, y mucho color.

La Semana de la Moda parisina fue marco de dos pruebas de fuego: los primeros desfiles del colombiano Esteban Cortázar para Ungaro y de la italiana Alessandra Facchinetti para Valentino.

Un relevo exitoso, puesto que Cortázar fue sumamente aplaudido por una colección leve y sensual, plena de drapeados y estampados suaves, que aportó un aire juvenil a la casa Emanuel Ungaro, mientras que Facchineti logró modernizar el estilo de Valentino respetando al mismo tiempo su elegancia refinada.

Los colores vivos fueron el denominador común de muchas colecciones, aunque en esta temporada los estilos fueron tan diversos como los diseñadores, muchos de los cuales propusieron vestuarios de gran vestir, muy próximos de la alta costura (Alexandre McQueen, Givenchy, Anandrew GN, Stefano Pilati para Yves Saint Laurent)

Fuschia, rojo, violeta, verde, naranja, turquesa, así como estampados multicolores alegraron las colecciones de Dior, Kenzo, Jean-Charles de Castelbajac, Dries Van Noten, Elie Saab, Christian Lacroix…

Dos excepciones confirman la regla: la casa Lanvin, para la cual el diseñador Alber Elbaz propuso una colección de modelos casi exclusivamente negros, y Karl Lagerfed para su propia marca, en cuya colección predominan el negro, el blanco y el azul oscuro.

“Hubo un aspecto festivo, una alegría de estar allí que antes no existía”, estimó el presidente de la Federación Francesa de la Costura, Didier Grumbach.

Esa alegría de vivir, fue particularmente manifiesta, con humor y estallido de colores, en los desfiles de Jean-Charles de Castelbajac, con sus modelos al revés, sus lunares gigantes y sus dibujos surrealistas, y de John Galliano para Christian Dior, con su primaveral evocación de los años 60.

Las pieles no han pasado de moda, y se vieron en varios desfiles (Dior o Dries Van Noten), pero predominan en la colección de Jean-Paul Gaultier, que las declina en todas sus formas.

Las faldas adquieren todos los largos, minis, a la rodilla o a media pierna, mientras los vestidos largos, numerosos, juegan a menudo con las transparencias y con la irregularidad de los escotes.

La excelencia de los grandes diseñadores no se desmiente, Galliano, Lacroix y Gaultier siguen cosechando aplausos, pero no siempre sorprenden. Esta vez, la gran sorpresa vino de Chanel.

Su diseñador, Karl Lagerfeld, presentó una colección en la que abundan los trajecitos sastre de tweed emblemáticos de la casa Chanel, como es normal, pero en este desfile algunos de ellos la tela estaba desgastada o deshilachada: el lujos tweed tratado como un vulgar vaquero, una opción que le modista considera “divertida”, “moderna” y “relajante”.

Y, justamente, los inventores de ese tratamiento para la tela jean, Marithé y François Girbaud, siguen innovando en materia de “street-wear”, tanto en la arquitectura de las prendas como en el tratamiento de las telas, para una moda joven que debe ser lucida en las calles.

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