Lula se propone dar fin a la violencia y rehabilitar las favelas de Rio

RIO DE JANEIRO (AFP) – El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, visitó las mayores y más violentas favelas de Rio de Janeiro para expresar su voluntad de reconquistar y rehabilitar esos barrios miserables controlados por narcotraficantes.

“Ya estoy cansado de ver el nombre de Rio de Janeiro asociado en la portada de los periódicos a la violencia y a las balas perdidas, siendo que el 99% de la población está formado por trabajadores honestos”, dijo Lula ante centenas de vecinos de la favela ‘Complejo del Alemao’ que enarbolaban banderas blancas.

No obstante, Lula agregó que “los bandidos serán tratados como tales”, en un mensaje directo a los traficantes de drogas que controlan ese conjunto de favelas en el norte de la ciudad y donde viven unas 300.000 personas.

Para esta primera visita de un presidente brasileño al “Complejo del Alemao”, al norte de la ciudad, varias centenas de policías fuertemente armados y pertenecientes a cuerpos de elite fueron movilizados para garantizar su seguridad.

El complejo de favelas de Alemao es el escenario de habituales batallas entre fuerzas policiales y grupos de narcotraficantes.

El 27 de junio de 2006 una operación policial en esa favela dejó un saldo de 19 muertos. Lula, sumamente popular en esos barrios, aún pretende visitar otras dos favelas de Rio de Janeiro, Manguinhos y Rocinha.

La ciudad tiene más de 700 barrios de este tipo, en los que se apiñan más de un millón y medio de personas, casi un tercio de la población.

“Hace décadas que ustedes esperan estas mejoras”, dijo Lula al presentar un ambicioso proyecto de casi 230 millones de dólares, incluyendo un teleférico para conectar diferentes barrios de la favela, y prometió construir escuelas, centros de salud, disponer trabajos de saneamiento y una mejor organización de la recolección de residuos.

Por su parte, el gobernador de Rio de Janeiro, Sergio Cabral, se comprometió a responder a una vieja reivindicación de los vecinos, otorgando títulos de propiedad “hasta el fin de los trabajos”, que deberán durar dos años.

Magada, de 32 años, nacida en el Complejo do Alemao, festejaba la visita de Lula porque esa presencia “llamará la atención de Brasil y del mundo a los habitantes pobres de las favelas, y que muestran sus necesidades”.

Para Charles Brother, animador de la organización no gubernamental Afro-Reggae, sumamente activo en las favelas, la apertura de las escuelas profesionalizantes para adolescentes “abrirá otras perspectivas de vida para los jóvenes que apenas ingresar al tráfico de drogas”.

Esos grupos de traficantes ayudar en la sobrevivencia de numerosas familias en los barrios pobres donde el desempleo es endémico, en especial entre los más jóvenes. Por ello, el gobierno decidió emplear jóvenes de la propia comunidad para llevar adelante las obras.

De forma paralela, las autoridades mantienen una lucha sin tregua al crimen organizado para reestablecer “el estado de derecho democrático” en las favelas, según dijo Cabral.

En 2007, 1.260 personas resultaron abatidas por la policía en enfrentamientos con traficantes de droga, un aumento de 18,5% sobre el año 2006.

Esas operaciones, que dejan víctimas incluso entre los vecinos inocentes, son fuertemente criticadas por organizaciones de defensa de los derechos humanos, que ven en ellas “un exterminio de pobres”.

Iara, de 40 años, que vive en la favela desde hace 13 años, se mostró escéptica con relación a la reducción de la violencia. “Los trabajos van a mejorar nuestra calidad de vida, pero la violencia aquí está fuera de control”, dijo.

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