Misa negra para recibir un nuevo año en el poblado mexicano de Catemaco

CATEMACO, México (AFP) – Una ardiente estrella de seis picos alumbra al chamán “Mauako”, de rodillas, los brazos extendidos y en sus manos dos gallinas degolladas sangrantes, mientras el brujo “El Cuervo” anuncia que se han abierto “las puertas del encanto” y un nuevo año, en el poblado de Catemaco (este de México).

Cada primer viernes de marzo, justo a la medianoche, los brujos de Catemaco, poblado de Veracruz conocido por sus hechiceros, celebran numerosas misas negras, algunas públicas, otras casi clandestinas, para dar la bienvenida a un nuevo año, según su propio calendario.

Héctor Betaza, uno de los brujos más reputados de la comunidad conocido como “El Cuervo”, encabeza la procesión. Viste de negro de pies a cabeza, en su pecho resalta una gruesa cadena y un dije en oro de la “Santa Muerte”, la imagen de una calavera vestida con capa y guadaña adorada por muchos mexicanos.

En sus brazos, “El Cuervo” lleva otra “Santa Muerte”, de inmaculado blanco que contrasta con el rojo intenso de la escalofriante figura de un diablo que lleva el chamán “Mauako”, un indígena chamula que llegó de Chiapas (sureste) para recibir el año nuevo de los hechiceros.

Un centenar de personas de la comunidad y de creyentes provenientes de estados del norte de México caminan devotamente detrás del brujo y del chamán hasta un terreno en el que una enorme estrella de seis picos, con una antorcha en cada punta, está dibujada con cal en la tierra.

“Que nadie toque la estrella”, advierte “El Brujo” a los asistentes a la misa negra del año nuevo.

“Voy a llamar al ser Satán, el señor de lo material”, murmura “Mauako”, ya descalzo y como en trance, mientras mueve un péndulo sobre un enorme incienciario colocado en el centro de la estrella.

“Cada primer viernes de marzo, a la medianoche se abren las puertas del encanto y nos dan la oportunidad de ser sanados, de alejar la maldad, de ser mejores seres humanos”, anuncia “El Cuervo” al dar inicio a la celebración.

Durante media hora, con fondo de tambores y sonidos de caracol, “El Cuervo” y “Mauako” hacen invocaciones, saludan a los cuatro puntos cardinales y “limpian” con ramos de yerba y humo de incienso a los creyentes.

Al acercarse la medianoche, otra estrella, colocada en lo alto del terreno, arde en llamas. “El Cuervo” y “Mauako” están a sus pies. En la tierra, cuatro gallinas negras con las patas atadas esperaban a ser degolladas.

“Al momento del sacrificio, cuando se derrame la sangre, hagan su peticiones, díganlas en voz alta. Pidan a Dios, a Satán, a la Santa Muerte que aleje todo aquello que los tiene atrapados, lastimados, que les hace daño”, anuncia “El Cuervo” mientras eleva una de las gallinas hacia la ardiente estrella.

El chamán asiste al brujo, toma a la gallina de la cabeza, “El Cuervo” sostiene el cuerpo y con una espada le corta el cuello para luego elevar al ave degollada, aún lanzando desesperados aleteos, y sacudirla manchando con su sangre a “Mauako” y a él mismo.

El sacrificio se repite tres veces mientras la multitud hace sus peticiones. “Que me vaya bien en mi negocio”, murmura un hombre. “Que mi hermano sane de cáncer”, dice otra mujer que viajó cientos de kilómetros desde Chihuahua (norte).

“Los que creen tendrán lo que pidieron. Yo no les pido que tengan fe en mí porque yo sólo soy un portador de la magia”, dice “El Cuervo” a manera de despedida de esta misa negra de año nuevo de Catemaco y que se repetirá en junio con motivo del día de San Juan Bautista, adorado también por los brujos de Catemaco.

Este tipo de ceremonias, explica “El Cuervo” una vez concluida la misa negra, tiene su origen en los antiguos habitantes de la región, los olmecas, y se hacen invocaciones tanto a las fuerzas del bien como del mal porque para “los brujos, los hechiceros y los chamanes, no hay magias blancas ni negras, todo es magia, todo es fuerza, todo es equilibrio”.

You must be logged in to post a comment Login