Muerte de otro miembro de cúpula golpea a las FARC

BOGOTA (AFP) – La muerte de Iván Ríos, miembro del secretariado de las FARC que fue asesinado por sus propios hombres para cobrar una recompensa, es el segundo revés que sufre la mayor guerrilla colombiana en una semana y deja al descubierto tensiones internas.

El cuerpo de Ríos fue presentado este sábado por el Ejército a periodistas, reviviendo lo ocurrido una semana antes cuando se divulgaron imágenes del cuerpo baleado de Raúl Reyes, número dos de las FARC, muerto en el campamento que había fijado en Ecuador por un ataque de militares colombianos que generó un crisis diplomática regional.

El cadáver de Ríos, el más joven de los miembros del secretariado, fue llevado por un helicóptero militar este sábado desde un punto en el cañon del río Arma en la zona cafetalera del departamento de Caldas (centro-oeste) hasta el batallón San Mateo, en la ciudad de Pereira, 360 km al oeste de Bogotá.

Junto con su cuerpo, también fue trasladado el de una mujer conocida sólo como Andrea, su compañera sentimental, asesinada junto a él por miembros de su guardia personal.

El principal responsable de la traición a Ríos, identificado sólo como “Rojas”, apareció ante periodistas para explicar que dió muerte a su comandante cansado por el maltrato y para reclamar la recompensa que se ofrecía.

“Hasta ahora nosotros hemos cumplido, esperamos que nos cumplan”, dijo. Por Ríos se ofrecían distintas recompensas, entre ellas una del gobierno colombiano de 5.000 millones de pesos (2,6 millones de dólares).

“La guerrilla ha entrado en un proceso de implosión, está explotando por dentro, y creemos que eventos similares vendrán muy pronto”, aseguró en Pereira el general Mario Montoya, comandante del Ejército.

Según relató “Rojas”, la situación que se vivía al interior del frente de las FARC que coordinaba Ríos era muy difícil, debido a la falta de provisiones y continuos combates.

El congresista Gustavo Petro, del opositor Polo Democrático (izquierda), crítico de las FARC, dijo que esta segunda muerte de un alto dirigente debería llevar a la guerrilla a reflexionar sobre la necesidad de buscar salidas políticas más que militares.

Petro, que fue guerrillero del movimiento nacionalista M-19 hasta la desmovilización de esa organización en 1990, dijo que el principal movimiento rebelde colombiano está entrando en “un alto grado de degradación, que se está reflejando con este hecho donde un mismo compañero de armas, liquida a su comandante”.

El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, presentó la muerte de Ríos como “un nuevo golpe contundente” a las FARC como resultado de las políticas del gobierno del presidente Alvaro Uribe, quien llegó al poder en 2002 prometiendo la derrota militar de los rebeldes.

Hasta el comienzo del segundo periodo de Uribe, reelegido en 2006, organismos del gobierno colombiano estimaban en 17.000 los combatientes de las FARC, pero Santos asegura ahora que esa cifra se ha reducido a entre 6.000 y 8.000, tras numerosas bajas y deserciones.

Pero las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con más de 40 años de historia, siguen manteniendo una fuerte presencia en amplias zonas de Colombia y sobre todo una capacidad desestabilizadora, como mostró la crisis regional desatada en la última semana.

Además, retienen a un grupo de al menos 39 rehenes, entre ellos la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt -que también tiene la nacionalidad francesa- y tres estadounidenses.

La guerrilla ha usado a los rehenes para mantener su protagonismo por fuera de las fronteras colombianas, como demuestra el pedido del presidente venezolano Hugo Chávez, para que se les reconozca como fuerza beligerante.

Por ello, el analista Alejo Vargas, de la estatal Universidad Nacional y autor de varios libros sobre el conflicto colombiano, señala que no debe subestimarse la capacidad que han tenido las FARC para superar dificultades.

“A lo largo de la historia, las FARC han

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