Mayor tolerancia hacia la diversidad sexual en Cuba

Por Francisco Ramírez

La Habana.- Karla, hasta hace unos seis meses un fornido mecánico de 35
años de edad llamado Carlos Enrique, camina bien maquillada, vestida a la moda
y despreocupada por una calle de La Habana para comprar el perfume caro de su
preferencia.

En Cuba, uno de los países más machistas del mundo, los homosexuales están
emergiendo del clóset, decididos a ocupar un lugar en la sociedad, casi al
terminar la primera década del siglo XXI.

Gays y lesbianas se visten y actúan cada vez más desinhibidos en público,
aunque comprenden que lograr el pleno respeto a su diferente orientación sexual
será una batalla larga y no exenta de dificultades.

Mónica y Elizabeth, dos lesbianas que se juraron “amor eterno”,
protagonizaron en diciembre pasado una boda simbólica filmada por estudiantes
del Instituto Superior de Arte (ISA), en la sede del Centro Nacional de
Educación Sexual (Cenesex) de La Habana.

La televisión estatal muestra graduales avances, despojada de viejos
estereotipos, con la exhibición de novelas o seriales extranjeros e incluso
alguno nacional, en los que es normal la presencia de homosexuales.

Hace más de un año la telenovela “La cara oculta de la luna”
abordó con sobriedad el tema de un albañil casado que descubrió su condición
bisexual, seducido por un hombre homosexual.

Por estos días un bien estructurado personaje (el parasicólogo Walter)
tiene relevante papel en la telenovela brasileña “Suave veneno”,
mientras dos estudiantes de preparatoria expresan su tierno amor lésbico en
“Mujeres apasionadas”, también de Brasil.

Hasta ahora son mensajes subliminales, crecientes, sí, pero no acompañados
de un debate abierto en los medios de comunicación, salvo algunos artículos
didácticos en el diario Juventud Rebelde y el semanario Trabajadores.

La tolerancia hacia la diversidad sexual en Cuba parece avanzar de la mano
de un mayor nivel cultural de su población de 11.3 millones de habitantes y el
abatimiento de fronteras en la difusión de noticias gracias a la creciente
globalización.

Estigmatizados, los homosexuales cuentan ahora con mayor respaldo: el
Cenesex, dirigido por la socióloga Mariela Castro Espín, hija del presidente
del Consejo de Estado, Raúl Castro, y de la fallecida presidenta de la
Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Vilma Espín.

Esta sexóloga de 45 años de edad, casada y con tres hijos, anunció a
finales de febrero pasado que en el primer semestre de este año verá la luz el
libro “La transexualidad en Cuba”, de un colectivo de autores.

Pero este es sólo un ángulo de la extensa labor multidisciplinaria que
viene desempeñando esta institución en el complejo mundo de la sexualidad.

La especialista precisó que hay que trabajar más en las cuestiones de
género, en el aprendizaje de la masculinidad y la feminidad a lo largo de la
vida debido a que aún persisten esquemas culturales que dañan al hombre y a la
mujer.

El Cenesex y la FMC impulsan desde 2006 una propuesta de reformas al Código
de Familia, vigente desde 1975, que intenta desmantelar los rasgos de homofobia
en la sociedad.

La propuesta anunciada de manera formal en 2007 aún no incluye el matrimonio
homosexual, pero favorece que sea aceptada la unión consensual, sin que medie
un contrato legal.

Hasta ahora los cambios sólo reconocen la unión de hecho y los derechos
patrimoniales y civiles de las parejas de gays y lesbianas, equiparándolos a los
que tienen las parejas heterosexuales.

Si el Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC) la aprueba, la
iniciativa de reforma legal sería presentada en algún momento como anteproyecto
de ley ante una sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento).

El reconocimiento del matrimonio gay requerirá cambios en la actual
Constitución, pues su artículo 36 define que el “matrimonio es la unión
voluntariamente concertada de un hombre y una mujer con aptitud legal para
ello, a fin de hacer vida en común”.

La posición de la Iglesia c

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