Mujeres con pantalones: Aminta Granera puso rostro de mujer a policía en Nicaragua.

Por Sonia González

Managua.- Respeto, credibilidad y lucha sin tregua contra el narcotráfico
han caracterizado el mando de Aminta Granera al frente de la policía de
Nicaragua, ganándose la admiración de moros y cristianos por su intachable
labor en el cuerpo de seguridad pública.

La Policía Nacional (PN) nicaraguense tiene rostro de mujer, su directora
es hoy la personalidad con más prestigio en el país, según las encuestas de
opinión de empresas privadas.

De menuda figura y una voz firme, sin perder el control aún en situaciones
difíciles, parece conservar el aprendizaje de los años de sus estudios de
novicia en Guatemala en los años 70.

Se vinculó al entonces guerrillero Frente Sandinista de Liberación Nacional
(FSLN) y al triunfo de la revolución en julio de 1979 se desempeñó en el
Ministerio de Gobernación, a cargo de Tomás Borge en los años 80.

A su 55 años aparenta una menor edad. La firmeza de su carácter impone el
respeto de sus subordinados y la ciudadanía, que reconoce su labor en contra de
la delincuencia común y el crimen organizado, que han intentando infiltrar las
filas de la institución.

No ha querido dejar hilos sueltos, ha decidido limpiar las filas de la
institución de actos de corrupción.

Ha confirmado sus palabras, no le ha temblado la mano para dar de baja a
agentes y oficiales de altos niveles de poder denunciados por ilícitos.

Granera ha encabezado la lucha sin cuartel contra el narcotráfico
internacional.

Las amenazas de muerte de las organizaciones criminales la han obligado a
redoblar su seguridad personal y en las apariciones en público está fuertemente
custodiada.

Las amenazas son por los fuertes golpes al brazo local del cártel de
Sinaloa, que operaba en el territorio nicaraguense en tránsito en su ruta hacia
los países del norte, según un informe oficial. En 2007 fueron incautadas 23
toneladas de cocaína.

Casada, con dos hijas universitarias y un nieto, la directora de la policía
recibió un inusitado revés en los últimos días con el retiro de siete altos
mandos de su círculo más allegado.

No ha habido –ni la habrá- una explicación oficial por la inesperada y
sorpresiva decisión del presidente Daniel Ortega, ocurrida el pasado 3 de
marzo.

Aparentemente, el retiro de siete altos mandos policiales es el punto
culminante de una serie de roces públicos entre Aminta Granera y el líder
sandinista, que ha insistido en recordar el origen revolucionario de la policía
fundada en 1980.

Semanas atrás, Granera negó públicamente pagos a oficiales de parte de la
Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), como lo había denunciado el
mandatario nicaraguense.

En un acto público, Ortega reprendió a la jefa policial por permitir estos
supuestos pagos a los oficiales. Pero, con su estilo pausado, Granera negó en
forma muy breve estas afirmaciones, sin entrar en más detalles ni polémica.

Graduada en Sociología, Filosofía y Teología, Granera ascendió a la
dirección de la PN en septiembre de 2006. Su vida privada es manejada con
discreción.

La popularidad de la jefa de la policía parece ser un arma de doble filo
que despierta por igual admiración de parte de la población y recelos por la
clase política.

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