Slim, la otra conquista.

Por Arturo Ríos Ruiz

Carlos Slim, propietario de más de 150 empresas en México, con inversiones

en el extranjero y un capital superior a los 60 mil millones de dólares, obtuvo

concesión para explotar una mina de oro, en Zacatecas; el lugar donde Juan de

Tolosa, esposo de Leonor Cortés y Moctezuma, hija del conquistador y de

Tecuichpo, quien fuera mujer de Cuauhtémoc, descubrió los primeros yacimientos

en la región en 1546.

El magnate Mexicano, quien tiene la característica de ser de los pocos

ricachones que invierten la mayor parte de su fortuna en el país, propietario a

través del Grupo Carso de más de 150 empresas -mediante el sistema de

adquirirlas quebradas y hacerlas redituables-, fue catalogado por la revista

Forbes como el segundo hombre más rico del mundo, después de Warren Buffet,

quien posee 62 mil millones de dólares y arriba de Bill Gates, propietario de

Microsoft.

De acuerdo con la información de la cadena televisora Multimedios, a su vez

dueña del diario Milenio, con fecha 4 del mes en curso, la empresa Frisco,

propiedad de Slim, cuenta con el permiso para extraer oro de la Mina El

Peñasquito, localizada en el municipio de Mazapil, Zacatecas, en las

colindancias con el estado de Coahuila.

Hernán Cortés tuvo desde joven serios problemas por su inclinación al amor

clandestino; incluso, en La Española, hoy República Dominicana, fue herido de

una mejilla con un puñal por un rival en amores, y tras la barba escondía una

terrible cicatriz.

Una vez que doblegó a los mexicas, antes aztecas y mantuvo cautivo a

Cuauhtémoc, el gran defensor de la raza, Hernán Cortés tuvo relaciones con la

esposa de éste, Tecuichpo -hija de Moctezuma-, quien antes de ser la compañera

del llamado joven abuelo se había casado con Cuitláhuac. De la unión entre el

conquistador y la dama nació una niña, que fue bautizada con el nombre de

Leonor Cortés y Moctezuma.

No obstante que Hernán Cortés no la reconoció como hija, sí dispuso que se

casara con Juan de Tolosa, quien descubrió las minas de la región de Zacatecas

y San Luis Potosí, amasó una inmensa fortuna y de aquellas tierras salían los

cargamentos áureos más importantes para España.

Slim, hijo de inmigrantes libaneses, ha sido un hombre admirable: a los 25

años de edad fundó su primera empresa, y a la vera de Carlos Salinas de

Gortari, en 1990, su nombre cobró fama en el escenario nacional, al ser el

mejor postor para la compra de Teléfonos de México.

Inició entonces una carrera meteórica en el mundo de las finanzas, hasta

convertirse en el hombre más rico del país. Poco tiempo después se clasificó

como el de Latinoamérica.

En aquella época hubo medios informativos que dieron a conocer que en el

momento de realizarse la puja para la adquisición de la compañía fundada por

Carlos Trouyet, de origen israelí, las acciones estaban a razón de 17 pesos.

Al resultar ganador este personaje, el gobierno salinista, invirtió

millones de dólares en su modernización, de tal manera que al cumplirse el año

estipulado para cristalizar la compra, en la Bolsa Mexicana de Valores, el

costo de las acciones ya se encontraba en 22 pesos, es decir, que el comprador

ya ganaba cinco pesos por cada una de ellas.

Entre otros datos del señor Slim está su gusto por el arte, se sabe que su

colección cuenta con un acervo superior a las 72 mil piezas, de acuerdo con la

afirmación de su biógrafo José Martínez, quien escribe para la agencia española

EFE.

Carlos Slim tiene una fundación alterna en sus múltiples actividades

empresariales, el Instituto Carso de Salud (ICS), el puntal de actividades

filantrópicas y que seguramente forma parte de los desahogos del caudal fiscal

que producen sus innumerables negocios.

Los dueños del mundo, desde el punto de vista económico, son mil 125

personas, que suman un total de 4.4 billones de dólares, algo distante de los

cuatro mil millones de seres que poblamos el planeta.

Un mexicano es el número dos en la escala, situación incómoda para quienes

tenemos contacto con la más pura pobreza que se manifiesta a lo largo y ancho

del país.

En México, figuran en el escenario de los más ricos Alberto Bailleres, con

un capital de 9 mil 800 millones de dólares, propietario del Palacio de Hierro,

de la Minera Peñoles y la empresa Seguros Nacional Provincial entre otras.

Germán Larrea-Velasco, con 7 mil 300 millones de dólares; Ricardo Salinas

Pliego -también relacionados con Carlos Salinas-, propietario de TV Azteca,

Elektra, Salinas y Rocha, Banco Azteca y ahora metido en la venta de

automóviles chinos.

Además, Jerónimo Arango, Isaac Saba Raffoul, Roberto Hernández, Emilio

Azcárraga Jean, Alfredo Harp Helú -primo de Slim-, Lorenzo Zambrano y, en fin,

la lista abarca poco más de 300 mexicanos, los dueños del país.

Como en todo el mundo, siempre unos cuantos son los dueños de todo y gozan

de gran poder, en muchos casos bien ganado, a base de esfuerzo y dedicación,

disciplinas que son el cimiento del triunfo en cualquier actividad.

Un acto heroico por parte de los magnates de esta talla sería realizar

obras con descarga fiscal en municipios, como el guerrerense Metlatónoc, para

aliviar un poco su situación de hambre y desolación. (Notimex) (El autor es periodista y escritor)

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