DHS cumple cinco años con severas críticas

Cinco años
después de su creación y con más de 200 mil millones de dólares en fondos
erogados para su operación, el Departamento de Seguridad Interna (DHS) de
Estados Unidos enfrenta críticas e interrogantes.  

La dependencia,
creada tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, fue resultado de la
fusión de dos docenas de agencias federales, y congregó bajo un mismo mando a
más de 200 mil empleados, creando la mayor fuerza dentro de la enorme
burocracia federal estadunidense.   

Los ataques del
11 de septiembre modificaron para siempre el perfil de Estados Unidos como un
país donde la mayoría de la población se consideraba ajena al fenómeno del
terrorismo, a otro donde sociedad y gobierno antepusieron la seguridad incluso
frente a las libertades civiles.  

En el gobierno,
esta nueva percepción dio paso a una de las mayores reformas estructurales de
su historia, cuando el Congreso autorizó la creación del DHS.  

Ahora, las
críticas no sólo apuntan al trabajo del organismo, sino también a las
condiciones laborales, a las que muchos críticos atribuyen la baja moral del
personal.  

Algunas
críticas han dado lugar al escarnio, como en una alerta de seguridad, durante
la cual, funcionarios de la dependencia recomendaron a la gente tener a la mano
cinta adhesiva como parte de los preparativos para una contingencia
terrorista.  

Otro incidente
fue una conferencia de prensa en la que sólo hubo empleados del DHS, que
hicieron las preguntas en ausencia de informadores.  

Más allá de
estas pifias, la parte operativa ha dado lugar a persistentes criticas, aunque
algunos expertos señalan que fallas y errores son parte natural del proceso de
evolución de una agencia que unificó agencias que en muchos casos operaban en
secreto.  

Otros, en
cambio, insisten en que el DHS ha fallado el rumbo para cumplir con su tarea
más simple: evitar una nueva acción terrorista o un ataque con armas no
convencionales, sino con medios químicos, radioactivos y hasta nucleares.  

“El
Departamento de Seguridad Interna es una verguenza que resultaría cómica, si
nuestra seguridad nacional no estuviera en juego”, dijo Melaine Sloan,
directora ejecutiva de la agrupación Ciudadanos Para la Responsabilidad y Etica
en Washington (CREW por sus siglas en inglés).  

Sloan dijo que
la interrogante ahora es si el próximo presidente será capaz de corregir las
fallas de la agencia y hacerla eficaz, para que reditúe los resultados que su
masivo presupuesto exige.  

Un reporte
preparado por CREW enumeró una serie de “masivas fallas” en las
tareas de la DHS, entre ellas el proyecto de construir una nueva generación de
embarcaciones para el Servicio de Guardacostas, valuado en 24 mil millones de
dólares y plagado de retrasos y fallas.  

De igual modo,
aludió un programa por dos mil millones de dólares destinado al programa
Frontera Inteligente, conocido como SBInet, cuya implementación se ha retrasado
por fallas en los equipos instalados a lo largo de la frontera con México.  

Randy Larson,
un consultor de Seguridad Interna, cuestionó el trabajo del DHS en la seguridad
de los puertos, enfocado en inspeccionar los cientos de miles de contenedores
que ingresan cada día, algo que Larson considera una estrategia
equivocada.  

“El tema
debe ser prevenir que terroristas adquieran material nuclear, no estar
realizando inspecciones radiológicas en los contenedores”, planteó Larson,
quien también criticó los escasos recursos destinados a tareas de
inteligencia.  

Empero, James
Jay Carafano, un experto en temas de seguridad de la Fundación Heritage, atribuyó
al Congreso parte de la responsabilidad en la función del DHS, pues son muchos
comités y subcomités los que tienen jurisdicción sobre la agencia.  

Carafano
también opinó que inspeccionar la totalidad de

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