Lentitud y ambigüedad de la OEA en crisis serias

La seria crisis que puso al borde de la guerra a Colombia, Ecuador y Venezuela por la incursión militar colombiana al espacio soberano ecuatoriano, y en la que murió el segundo al mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes, está siendo tratada por la Organización de Estados Americanos (OEA) con lentitud y ambigüedad, es decir, en el más puro estilo de esta entidad regional.

En la sesión convocada de “urgencia” y celebrada el pasado día 4 de marzo, y tras encendidos discursos y maratónicas consultas, el Consejo Permanente de la OEA emitió una resolución con la “gran novedad” de que el territorio década país es inviolable, como si nadie supiera que ese principio es puro y pleno.

No condenó a Colombia por la incursión al espacio soberano de Ecuador, como había pedido el indignado gobierno de Quito.
En esta flamante organización continental nunca se condena a ningún país agresor por muchas pruebas que se tengan en su contra, y cuando estallan guerras, las reuniones extraordinarias de cancilleres terminan con tibios llamamientos a las partes ha hacer la paz, tal como ocurrió durante la guerra de cinco días que libraron El Salvador y Honduras a partir del 14 de julio de 1969, por los atropellos hondureños a miles de salvadoreños radicados desde años en suelo hondureño.
Se le llamó la “guerra del fútbol”, pero no fue el verdadero motivo de este enfrentamiento bélico.

Otro botón demuestra de la lentitud del actuar y sentir de la OEA, es el trato que dio a la crisis política que desató en Venezuela el fugaz derrocamiento del presidente de ese país, Hugo Chávez, el 11 de abril de2002.

En esa ocasión, mientras el Consejo Permanente de la organización tardaba en ponerse de acuerdo, en una prolongada sesión extraordinaria para emitir una resolución de condena al golpe de estado, posiblemente de repudio a la ruptura del orden democrático venezolano o de respaldo al nuevo gobierno, les pilló la recuperación del poder por parte del presidente Chávez, a menos de 24 horas del golpe.

A partir del regreso de Chávez al poder, la sesión del Consejo Permanente cambió el rumbo de su objetivo y se dedicó a diseñar, hora tras hora, una nueva resolución “gallo-gallina”, en la que no condenó a los golpistas que establecieron el efímero gobierno del empresario venezolano Pedro Carmona, ni tampoco saludó el restablecimiento del orden constitucional de Venezuela, y mucho menos dio su respaldo a la puesta de nuevo del presidente constitucional.

En el caso de las graves tensiones entre Colombia y sus vecinos Ecuador y Venezuela, que por fortuna se distendieron con “abrazos y besos” en la XX Cumbre del Grupo de Río celebrada en República Dominicana el viernes pasado, el secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza,y un grupo de representantes de países de ese foro continental, verifican desde el domingo, día 9, en el terreno de los hechos, lo que realmente hizo la fuerza militar colombiana, aérea y de infantería, en el espacio soberano ecuatoriano el pasado sábado 1 de marzo.

Esa violación de la soberanía del Ecuador ha sido reconocida por el presidente colombiano, Alvaro Uribe, quien además se disculpó caballerosamente ante el presidente ecuatoriano, Rafael Correa.

La XX Cumbre del Grupo de Río evitó que la sangre llegase al río. Mientras tanto la OEA, empieza, con visitas in situ, un recorrido diplomático lento y tedioso, que incluirá informes, discursos y reuniones con las partes en conflicto, que finalmente, y de acuerdo con la experiencia de lo tradicional en las crisis que se plantean ante esta entidad hemisférica, terminarán en recomendaciones sin fuerza, en las que se invocará el cumplimiento “del espíritu” de la Carta Democrática Interamericana y, como diría el desaparecido actor cómico mexicano, se acudirá a la “buena disposición” de los países de las Américas “en beneficio” de la paz y la concordia, y de las buenas relaciones “entre naciones hermanas” para conservar la armonía y la confianza de los pueblos bolivarianos en un continente en el que impera la democracia, la paz y la justicia.

La próxima reunión extraordinaria de cancilleres de América convocada en Washington para el 17 de este mes, escuchará discursos panamericanistas de paz y amistad, y con toda seguridad, al finalizar, emitirá una resolución, en laque la OEA no quedará bien ni con Dios ni con el diablo.

Durante su toma de posesión el 26 de mayo de 2005, el nuevo secretario general, Insulza, prometió hacer de la OEA una organización “más dinámica” y confiable y recuperar el prestigio perdido.
Casi tres años después de esas esperanzadoras palabras, la entidad sigue siendo la misma de siempre, sin fuerza para actuar con garra en las crisis serias como la que acaba de enfrentar a Colombia con Ecuador y Venezuela.

Sin embargo, al margen de sus tibias actuaciones en situaciones delicadas como la mencionada en el párrafo anterior, la Organización de Estados Americanos, lleva acabo una gran labor en la lucha de los países de América por fortalecer la democracia, disminuir la pobreza, ayuda contra el tráfico de drogas, batalla a favor de que se reconozcan los derechos de los indígenas y de la mujer, y participa con éxito en la solución de contenciosos limítrofes, como es el caso de la disputa por el reclamo, por parte de Guatemala, de una amplia franja del territorio de Belice.

Ojalá que la reunión de cancilleres para tratar la situación de Colombia con Ecuador y Venezuela, la semana próxima en la sede de la OEA en Washington, dé resultados concretos, serios y creíbles, que garanticen la paz y la seguridad en esa región suramericana, y que hagan recuperar la confianza en este foro, cuya existencia había olvidado ya el “hombre fuerte” de cuba, Fidel Castro.

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