La Iglesia “amiga” de los estudios históricos.

Por Andrea

Tornielli

La Iglesia es

“amiga” de la historia. Pero la época contemporánea,

“enferma” de positivismo y sociologismo, enfrenta el riesgo de llegar

a ser “enemiga” de la historia. Lo dijo Benedicto XVI, hablando a los

miembros del Comité Pontificio de Ciencias Históricas.

San Felipe

Neri, en una carta enviada a su amigo Cesare Baronio (quien sería cardenal y es

considerado fundador de la historiografía católica) escribía: “Te ruego

venir por lo menos una vez cada mes, para enseñar la historia de la Iglesia a

nuestros estudiantes, porque no la conocen más. Y si no se conoce la historia,

se llegará a no conocer más la fe”.

Esta premisa

fue para decir cómo el conocimiento de los hechos históricos es interesante e

importante para la fe católica, que se basa en un hecho histórico: la

encarnación del Hijo de Dios, que sucedió en un determinado momento de la

historia de la humanidad, dividiéndola en dos partes.

Benedicto XVI

recordó en su discurso que “fue León XIII quien, frente a una

historiografía orientada hacia el espíritu de su tiempo y enemiga de la

Iglesia, pronunció la bien conocida frase. “No tenemos miedo de la publicidad

de los documentos” y permitió el acceso al Archivo de la Santa Sede.

Aquel Papa,

añadió su sucesor Ratzinger, estaba convencido de que el estudio y la

descripción de la historia “auténtica de la Iglesia no podría más que ser

favorable a la Iglesia misma”.

Desde aquel

tiempo, los últimos años del siglo XIX, el contexto cultural ha cambiado mucho.

Ahora, explicó Benedicto XVI, “no se trata más de afrontar sólo una

historiografía hostil al cristianismo y a la Iglesia. Hoy es la misma

historiografía la que atraviesa por una crisis más seria, porque tiene que

luchar por su propia existencia en una sociedad plasmada por el positivismo y

el materialismo.

“Las dos

ideologías juntas han conducido a un exagerado entusiasmo hacia el progreso

que, animado por los espectaculares descubrimientos y sucesos técnicos, a pesar

de las desastrosas experiencia del siglo pasado, determinan una concepción de

la vida de amplios sectores de la sociedad”.

Para el Papa,

el pasado aparece así como un fondo obscuro, en el cual sólo el presente y el

futuro resplandecen con promesas. Se trata de la utopía del Paraíso en la

tierra. Lo que es típico de esta mentalidad contemporánea es el desinterés por

la historia que llega a la marginación de las ciencias históricas:

“La

investigación y la enseñanza de la historia se deja caer en la universidad y en

las escuelas”. El resultado final es una sociedad que se olvida se su

pasado, no tiene más criterios para fundar su presente y su futuro.

“El

resultado es una sociedad que aparece vulnerable a la manipulación ideológica.

Y este peligro crece cuanta más importancia se da sólo a la historia

contemporánea, olvidándonos de las otras épocas.

Tal vez se

enseña la historia empezando desde la época de la Revolución Francesa.

“Producto inevitable de este desarrollo es una sociedad que ignora su

pasado y no tiene memoria histórica”. Y ésta llega a la falta de

identidad.

Otro problema

de la sociedad contemporánea son las lecturas ideológicas propiamente fijada

sobre el tema de la historia de la Iglesia. Estas lecturas presentan la

historia de la Iglesia como una “historia criminal”, hecha solo de

conquistas, homicidios y violencia.

Necesitamos de

valientes estudiantes que se apasionen por la verdad de la investigación

histórica. Porque nuestro pasado nunca es conocido de manera suficiente. Solo

conociendo la realidad de los hechos históricos podemos construir nuestro

futuro. (Notimex) (El autor es periodista italiano y vaticanista)

NOTIMEX

You must be logged in to post a comment Login