Bogotá y Caracas distensionan una tormenta de cuatro meses por las FARC

BOGOTA (AFP) – Luego de cuatro meses de tensiones que tuvieron como eje a la guerrilla de las FARC, Colombia y Venezuela lograron en una semana un sorprendente acercamiento que incluye el compromiso de cooperar contra los grupos armados y una reunión de sus presidentes, aún sin fecha.

El jueves, la presidencia colombiana anunció que los presidentes Alvaro Uribe y Hugo Chávez dialogaron telefónicamente por primera vez desde el 22 de noviembre, cuando Bogotá suspendió la mediación que había encomendado al mandatario venezolano para lograr la liberación de los rehenes en poder de la guerrilla.

La declaración oficial, divulgada por el secretario de prensa César Mauricio Velásquez, señaló que los presidentes expresaron en esa comunicación “toda la voluntad de restablecer las mejores relaciones entre los gobiernos y la confianza entre los gobernantes”.

“Los dos presidentes renovaron el compromiso de confianza y colaboración mutua para evitar que tanto Colombia como Venezuela sean víctimas de grupos violentos, cualquiera sea su origen”, subrayó el texto.

El aire de reconciliación comenzó de improviso en la cumbre del Grupo de Río, el 7 de marzo en Santo Domingo, a donde los dos mandatarios llegaron tras un fuerte cruce de declaraciones y la orden de Chávez de movilizar sus tropas a la frontera.

Chávez demostró así su pleno respaldo a Quito por una incursión de tropas colombianas que dio muerte al número dos de las FARC, Raúl Reyes, el 1 de marzo en un campamento que los rebeldes habían establecido en una zona fronteriza del norte de Ecuador.

Pero el ambiente de crisis y movilización militar terminó en distensión y en abrazos promovidos por el presidente de República Dominicana, Leonel Fernández, quien zanjó la situación que había enfrentado a Uribe no sólo con Chávez, sino también con sus pares de Ecuador, Rafael Correa, y de Nicaragua, Daniel Ortega, en la crisis diplomática más grave en la región en la última década.

Tras la muerte de Reyes, el gobierno colombiano mostró documentos que asegura obtuvo en los computadores del jefe rebelde, y que vinculan a Chávez y a Correa con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas).

Incluso Bogotá anunció su intención de denunciar a Chávez en la Corte Penal Internacional por apoyar a un grupo terrorista, responsable de genocidio, lo que generó una respuesta enérgica del mandatario venezolano.

Sin embargo, el presidente Chávez logró, a pesar de la interrupción de la mediación ante las FARC, que los rebeldes le entregaran dos rehenes en enero y otros cuatro en febrero, y por ello acusó a Uribe de entorpecer el diálogo con la guerrilla, para privilegiar el camino de la guerra.

Pero en Santo Domingo, el mandatario de Venezuela utilizó un tono moderado y evitó la confrontación directa.

Tras el abrazo en la cumbre del Grupo de Río, el domingo la cancillería venezolana anunció la normalización de sus relaciones diplomáticas con Colombia y ordenó el traslado inmediato del personal a la embajada en Bogotá, que había cerrado una semana antes.

Dos días más tarde la Fuerza Armada de Venezuela regresó a sus bases a unos 4.000 efectivos que había movilizado a la frontera.

La rapidez de la reconciliación, tras meses de enfrentamientos verbales, era anticipable, según la politóloga Socorro Ramírez, la primera mujer que fue candidata presidencial socialista en Colombia.

“Los actores de la crisis fueron los dos presidentes, pero sus principales víctimas son los secuestrados y sus familias, las poblaciones fronterizas fuertemente entrelazadas y, en últimas, los dos países que tienen vigorosas interdependencias”, indicó Ramírez, politóloga de la Universidad Nacional.

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