Hispanos aportan gran parte de la sangre derramada en Irak

Por Francisco Trujillo
Dallas.- Una gran parte de la sangre derramada por soldados estadounidenses en Irak a lo largo de los cinco años de invasión a ese país ha sido de origen hispano.
Por lo menos 424 soldados hispanos, tanto nacidos en México como mexicanos de segunda generación, han muerto en Irak desde el inicio del conflicto el 20 de marzo de 2003, aunque también se han dado múltiples bajas de efectivos originarios de Puerto Rico, El Salvador, Honduras y Perú, entre otros.
La cuota de sangre hispana en Irak llega al 10.72 por ciento del total de las tres mil 978 muertes de soldados estadounidenses confirmadas por el Departamento de Defensa de Estados Unidos.
En Irak han muerto más soldados hispanos que afroamericanos (370), lo que marca la primera vez que esto ocurre en un conflicto bélico en que participa Estados Unidos.
El considerable número de bajas hispanas constituye un reflejo del crecimiento de este grupo étnico en Estados Unidos y del intenso fenómeno migratorio procedente de México y Latinoamérica.
Las estadísticas oficiales de la guerra sólo contabilizan el origen étnico de los soldados estadounidenses muertos y no su lugar de origen, por lo que es difícil determinar cuántos de las hispanos que han fallecido en Irak eran mexicanos o hijos de mexicanos.
Sin embargo, una rápida revisión de artículos periodísticos publicados tras su muerte, muestra que más de cien de los 424 hispanos que han fallecido hasta ahora provenían de México.
Los soldados mexicanos formarían la tercera nacionalidad con más bajas en la guerra, después de los estadounidenses y británicos.
En el primer año del conflicto, cuando el número de caídos (582) permitía aún revisar uno por uno los datos, fallecieron 29 soldados de origen mexicano, incluidas mujeres.
Rubén Estrella Soto de 18 años, originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, y José A. Garibay, procedente de la comunidad de Los Tecomates, Jalisco, muertos el 23 de marzo del 2003, fueron los primeros mexicanos caídos en Irak, a tan sólo tres días de que comenzara el conflicto.
José A. Paniagua Morales, fallecido el 7 de marzo de 2008, en la comunidad de Balad, Irak, podría ser el más reciente.
Una buena parte de los mexicanos que han fallecido portando el uniforme estadounidense salieron de su patria siendo niños o adolescentes, acompañando a sus padres en búsqueda de mejores horizontes.
Muchos de ellos ofrecieron su vida aún sin haber recibido la ciudadanía estadounidense y sin haber tenido derecho a votar.
Como pago a su sacrifico, Estados Unidos les ha concedido sepelios con honores militares y la ciudadanía post mortem.
En los últimos cinco años se ha aprobado también una ley para otorgar la ciudadanía en forma expedita a todo soldado inmigrante en Estados Unidos que participe en el conflicto.
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