Secuestro de Aldo Moro en Italia es un misterio 30 años después

Por Mario Osorio Beristain

Roma.- Italia conmemora ese domingo 30 años del secuestro
y asesinato del ex primer ministro y líder democristiano Aldo Moro, sobre el
cual “será difícil saber la verdad”, según dijo recientemente Giulio
Andreotti, quien en 1978 era jefe gobierno.

Moro, cuyo crimen es atribuido a las Brigadas Rojas, era
el “político italiano más importante” de la época y fue encontrado
muerto 55 días después de su secuestro.

El hecho representó “el punto más alto de la guerra
terrorista a la democracia”, opinó el director del diario italiano La Repubblica, Ezio Mauro.

El entonces presidente de la Democracia Cristiana,
que gobernó Italia casi medio siglo, era también promotor del “compromiso
histórico”, por el que por primera vez se abrieron las puertas del
gobierno a una coalición que incluía al Partido Comunista (PCI).

Moro fue secuestrado el 16 de marzo de 1978, día en que el
Parlamento debía dar el voto de confianza al ejecutivo, encabezado por
Andreotti (demócrata cristiano) con miembros del PCI, que en ese momento era el
partido comunista más grande de Occidente.

Pero cuando el líder de la Democracia Cristiana
se dirigía a la sede parlamentaria, su comitiva cayó en una emboscada en la vía
Fani de Roma, a unos pasos de su residencia.

En la “masacre de vía Fani” murieron
acribillados los cuatro guardaespaldas de Moro y su chofer por mano de un
comando altamente especializado de al menos 12 miembros de las
ultraizquierdistas Brigadas Rojas, que una hora después reivindicaron el hecho
en llamadas telefónicas a medios de comunicación.

Subido a empellones a otro vehículo, su cadáver fue
encontrado el 5 de mayo siguiente en la cajuela de un automóvil en la céntrica
vía Caetani de Roma, a pocos metros de la sede de la Democracia Cristiana.

De nada valieron los exhortos del Papa Paulo VI, del
secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Kurt Waldheim o de Amnistía
Internacional para respetar la vida de Moro.

Moro fue condenado a muerte por un “tribunal del
pueblo” brigadista que exigía como condición para liberarlo la
excarcelación de varios de sus miembros.

“Se los pido de rodillas, liberen al honorable Aldo Moro,
simplemente, sin condiciones”, dijo Paulo VI en un mensaje al grupo armado
italiano.

Recientemente Francesco Cossiga, que entonces era ministro
del Interior, reveló que el Vaticano estaba dispuesto a pagar un
“consistente” rescate por el rehén y que ya había establecido
contacto con los captores.

Pero el gobierno, la Democracia Cristiana
y el PCI rechazaron “negociar con terroristas”, en abierta división
con la familia del prisionero, que nunca perdonó a las instituciones esa
decisión.

A tres décadas de distancia, cinco juicios contra los
principales implicados, ríos de tinta y años de indagaciones parlamentarias,
las sombras sobre “el secuestro del siglo” aún no se han disipado y,
según el actual ministro del Interior, Giuliano Amato, “todavía faltan
piezas del rompecabezas”.

Las sospechas de que la acción brigadista haya tenido una
autoría intelectual “en lo alto” de la política italiana o en el
extranjero (con la participación de la Agencia Central de
Inteligencia -CIA- estadounidense o del Comité de Seguridad de Estado -KGB-
soviético) nunca han sido desmentidas.

“No sabemos todo; la verdad establecida en el plano
judicial no es exhaustiva porque existen sombras; falta ese salto cualitativo
que haga comprender los eventos superando la interpretación desde el plan
policial-judicial al histórico-político”, declaró Rosario Priore, el
magistrado que más se ha ocupado del caso.

“Es hora de que Italia acepte la verdad de los
procesos y de la historia, según la cual las Brigadas Rojas fueron las únicas
responsables del delito”, declaró a su vez el historiador estadounidense,
Richard Drake, experto en terrorismo italiano.

Dijo que no se han encontrado pruebas que establezcan la
participación de la CIA
o del entonces secretario de Estado estadounid

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