Inmigración, un debate inacabado.

Por Eduardo Leaman

Considerado como el tercer país de mundo receptor de las mayores remesas, ingresando 25,000 millones de dólares anuales (según cifras del Banco Mundial en el 2007), México sigue manteniendo un éxodo continuo y constante que en los últimos cinco años ha rebasado sus propias cifras con 10.3 millones de mexicanos que han ingresado ilegalmente hacia Estados Unidos.

Sin embargo, las cifras anteriores son obligadamente un referente que debiera llevarnos a un reflexión y un diagnóstico amplio y profundo, sobre el origen de esta migración que aumenta y que por lo tanto, deja en entre dicho la cobertura social, económica y cultural que por mandato constitucional debieran gozar todos los ciudadanos mexicanos.

Tal parece que la inmigración no solo se origina en ciertos sectores vulnerables de la sociedad, sino que se ha extendido por todo el tejido social anunciando un mal endémico, constante, predecible, que ahora se traduce también en una creciente fuga de talentos.

Si atendemos las cifras que consideran que el 5% de los médicos mexicanos salen a trabajar fuera de México. Indudablemente la medicina no es la única profesión que arroja números, también están muchas otras formas de actividad calificada que han dejado de producir y participar del desarrollo en su país de origen.

Los cercos fronterizos se siguen reforzando, la nueva tecnología viene a aportar nuevas y novedosas formas de contención y vigilancia, por otro lado, los grupos racistas se multiplican mientras la inmigración se vuelve uno de los temas cruciales entre demócratas y republicanos en esta coyuntura de transición política.

Lo cierto es que día con día la población extranjera en Estados Unidos aumenta -lo que no necesariamente fortalece la capacidad de interlocución entre inmigrantes y gobierno- un asunto que tarde o temprano deberá atenderse con nuevas y alternativas posibilidades legales y de integración, puesto que de seguirse combatiendo como única opción, conducirá no solo a un desgaste político sino también económico y social.

La diversidad cultural que representa la incorporación -legal o no- de nuevos sujetos a una comunidad, ésta puede ser vista como una importante riqueza si se cuenta con los canales de comunicación que permitan no solo la retroalimentación de formas y significados, sino que fortalezcan la economía para un verdadero desarrollo sostenible.

Tal es el caso de la migración, por ejemplo, de indígenas chamulas que, además de transportar su cosmogonía a los lugares donde se asientan, trasladan a su comunidad demandas y tecnologías que llevarán a un cambio social a mediano plazo.

Por eso es importante no perder de vista la función que dentro de las actividades productivas de Estados Unidos realizan los extranjeros -hispanos o no- ya que todos han sido en su mayoría impelidos desde sus lugares de origen con una clara premisa, trabajar para elevar su nivel de vida.

No puede por tanto concebirse a los inmigrantes como ciudadanos non gratos ya que es justamente la exclusión y desprotección social lo que genera otro tipo de problemáticas sociales como la delincuencia.

Ha quedado claro que los inmigrantes mexicanos realizan aquellas actividades que .ni los afro americanos quieren hacer (sic), y aunque despectiva y racista la expresión de nuestro anterior jefe del ejecutivo, clara en tanto que alude una de las razones por las que siguen siendo mano de obra necesaria.

Es claro, y contra toda la publicidad que invade los medios argumentando la apertura de fuentes de empleo o las bondades (que nadie ha visto) del TLCAN en los últimos 14 años, que la tasa de inmigrantes sigue creciendo, como sigue creciendo la vulnerabilidad social por las asimetrías económicas que hemos venido arrastrando desde los últimos sexenios.

La inmigración no es un asunto de muros o de políticas internacionales consensuadas, es también un asunto que alude nuestras carencias, nuestra ausencia de políticas sociales más certeras que respondan a esos grupos sociales que no han dejado de vivir en el límite de la vulnerabilidad y de la miseria, es un asunto de abordaje de los programas de impacto social que no han dado respuesta a necesidades elementales como el trabajo, la vivienda, la salud, la educación y la autonomía alimentaria.

Sería interesante que alguna vez el debate migratorio dejara de culpar a un gabinete extranjero que finalmente responde a los intereses de su propia nación, y que pudieran buscarse alternativas para retener y hacer parte del desarrollo a los propios mexicanos.

El asunto no son los muros, el asunto es nuestra inequidad social y nuestra indiferencia hacia los grupos marginales. (Notimex) (El autor es especialista en temas culturales y comunicación) [email protected] http://www.culturaycomunicacion-leaman.blogspot.com/

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