Temor y desconfianza en frontera ecuatoriana con Colombia

Por Luis Onofa

Puerto Nuevo.- Un ambiente de temor y desconfianza prevalece en la norteña localidad ecuatoriana de Puerto Nuevo, en la frontera con Colombia, a raíz de la violencia que han generado las operaciones militares contrainsurgentes del vecino país.

Los operativos del Ejército colombiano contra las rebeldes FARC en el departamento de Putumayo, vecino a la provincia ecuatoriana de Sucumbíos, han provocado oleadas de desplazados hacia localidades del lado ecuatoriano de la frontera, como este Puerto Nuevo.

Con unos tres mil habitantes, la mayoría de ellos colombianos, Puerto Nuevo está a unos 12 minutos de vuelo en helicóptero desde Nueva Loja, capital de Sucumbíos, y los lugareños van y vienen en pequeña lanchas desde el vecino país.

La localidad, separada del territorio colombiano por el Río San Miguel, es una de las tantas que se asientan a lo largo de los 300 kilómetros de tramo de frontera entre Putumayo y Sucumbíos.

Un jefe militar ecuatoriano destacado en la zona, que pidió el anonimato, explicó a Notimex que en la localidad ecuatoriana es notorio el aumento de la población infantil, lo que atribuyó al desplazamiento de los habitantes del otro lado del río.

La causa de este fenómeno migratorio parece ser la violencia que azota la región fronteriza, a raíz de los operativos con los que las tropas colombianas combaten a las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

“El Ejército está regado y está bravo. Ayer nos trataron como quisieron, entonces se nos hace duro volver a entrar” a Colombia, relató Fabiola Quintana, una colombiana que vive en Puerto Nuevo desde hace cinco años.

Quintana aludió a las acciones militares colombianas, que hasta el momento han provocado la muerte del farmacéutico de Puerto Nuevo, el ecuatoriano Antonio Jiménez, según el testimonio de habitantes.

Aseguró que el operativo militar en el que murió Jiménez “parecía una guerra”, lo cual fue corroborado por Eduardo Collazos, un campesino colombiano que llegó con su familia a casa de unos parientes en Puerto Nuevo, huyendo de la operación contrainsurgente.

“Llegó el Ejército colombiano a la casa y nos pusieron boca abajo, comenzaron a echar candela (bala) en los alrededores y nos tuvieron así unas dos horas”, relató Collazos, a quien aún le resulta difícil sobreponerse del terror que le provocó el incidente.

Explicó que los militares “nos hicieron poner de pie. En ese instante se oía una balacera y creo que fue en ese momento que cogieron a Antonio Jiménez. Era el sábado, como a las 10 de la mañana”.

Quintana relató que Jiménez, a quienes todos llamaban cariñosamente “Toño”, fue a territorio colombiano a comprar semilla de plátano, el Ejército lo encontró solo y lo apresó.

Sostuvo que su muerte ha llevado a muchos de los habitantes a vencer el miedo que les provoca esta violencia para intentar poner fin a los señalamientos que los sindican como “informantes” de las FARC.

“A uno le amenazan de muerte, entonces uno tiene que quedarse callado. No decir nada, sufrir en silencio. Dicen que estamos en la guerrilla obligados. Eso es falso. A nosotros nadie nos obliga”, dijo.

“Aquí tenemos una familia a la que le humillaron, la estropearon. El señor es finquero ecuatoriano, tiene esposa embarazada y tres niños. Decían sus hijos que venía (el Ejército) a recogerlo, entonces nosotros tuvimos que traerlo”, denunció.

Collazos, por su lado, afirmó que “el Ejército llega a tratar mal al colombiano, diciendo que todos los que viven por allí son guerrilleros y eso es falso. Somos agricultores”.

El campesino, originario del Valle del Cauca, comentó que junto a su familia se desplazó desde el Putumayo a territorio ecuatoriano “porque no hay alternativa. Llega la Fiscalía, llega la gente (los militares) y nos pueden matar”.

Explicó que hace 10 años se radicó en el Putumayo porque allí la tierra es “más buena para trabajar, para sembrar plátano, maíz, yuca”, aunque reconoció que también ha cultivado coca.

Explicó, sin embargo, que por estos días la fuerza pública de su país está destruyendo a mano los cultivos de coca, como parte de los operativos antidrogas que adelanta el gobierno del presidente colombiano Alvaro Uribe Vélez.

“Primero llegaron las avionetas y fumigaron todo, el plátano, la yuca, el café. A la vuelta de un mes, llegaron y arrancaron el resto y no se da ninguna ayuda a esa vereda”, afirmó Collazos.

Aseguró que las aspersiones aéreas antidrogas no distinguen sembradíos y “dañan cultivos como el plátano, mata los peces y a uno le sale granera (erupciones en la piel); se intoxican los niños y nacen faltos de una mano, de una pierna”.

“Lo digo con mi vejez y mi experiencia, porque tengo 45 años; he andado por muchas partes. La fumigación afectó mucho. Ahora el gobierno (colombiano) como ya no puede con la fumigación, está arrancando (a mano) las plantas” de coca, indicó.

Al respecto, el dirigente comunitario Luis Quiroga dijo que pese a estos operativos de las tropas colombianas, los campesinos de la zona fronteriza han encontrado métodos para que sobreviva la planta.

“A las fumigaciones se les ‘soquea’ de diferentes formas. Se baña con miel de purga, con leche y con vitaminas para las plantas”, dijo.

Collazo explicó que los campesinos venden la coca para “comprar la remesa (alimentos), ropa y útiles escolares de los niños. Cuando se pone barata, hay que tenerla guardada hasta que, de pronto, alguien la cambia por remesa”.

“Ahora la coca ya no deja plata, porque la ‘química’ está muy cara. Sería mejor que el presidente Uribe los cambiara por otros artículos alternativos”, añadió.

Respecto al plan de reemplazo de cultivo de coca por otros productos, Collazo aseveró que a él y a sus vecinos no les ha llegado nada, pero también advirtió que allí nadie les “compra el plátano, la yuca y el maíz”, que se da en abundancia en la zona.

Quiroga, por su lado, afirmó que los habitantes del lado colombiano de la frontera tenían la esperanza que la seguridad en la región aumentara con la instalación de una base militar en Quillasinga, en mayo de 2003.

“Pero a partir de ese día, comienzan las muertes y las desapariciones forzadas en toda la región. Y nos tocó buscar refugio acá”, comentó.

“Se decía que la zona del Teteye, al otro lado de la frontera con Ecuador, es templo de las FARC, pero eso es mentira”, afirmó Quiroga, aunque admitió que “en Colombia, decir que uno no ha visto nunca un guerrillero, también es una mentira”.

– NOTIMEX/

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