“Semana criolla” con potros, gauchos y fogones

MONTEVIDEO (AFP) – Azuzado por las espuelas el potro corcovea y desata toda su bravura sobre el ruedo, mientras la tribuna ovaciona la destreza del gaucho a lomo de caballo en el concurso de domas que dibuja, desde 1925, la clásica postal montevideana durante la celebración de Semana Santa.

Diez segundos sobre la bestia sin desprenderse un instante de la cabalgadura, le hicieron merecedor a Gercison Pinheiro, jinete brasileño oriundo de Sao Gabriel, estado de Rio Grande Do Sul (sur), de la ‘Vuelta de Honor’ en reconocimiento a su habilidad.

Con indumentaria de paisano y sombrero en mano, el flamante concursante de 32 años recorre el palenque sobre el potro sin dar crédito a tanta gratitud de la afición, tras el derroche de coraje que lo llevó a escaparse del hospital donde estuvo internado con suero y medicación la noche anterior, producto de una infección en una de sus piernas originada por una patada de caballo.

“Los médicos no me querían liberar, pero yo me moría de ganas de montar, es todo un rito para mí que vivo de las jineteadas. Estoy feliz de haber dado un buen espectáculo y logrado alta puntuación con un bellaco que corcoveó hacia adelante a más no poder”, dijo a la AFP el héroe de la jornada.

Deporte nacional desde 2006, la jineteada es una prueba de destreza sobre el potro sin domar, que se convierte en el principal polo de atracción de la denominada “Semana Criolla”, que celebra en el Prado de Montevideo su 83 edición y concita el mayor caudal de público entre viernes y domingo de Pascua.

El ruedo mayor pone en escena a un centenar de jinetes de Argentina, Brasil y Uruguay -entre 18 y 45 años-, que compiten con 16 caballadas en dos categorías con silla de montar –“Basto Oriental” y “Basto Argentino”–, y dos sin montura –“Pelo” y “Pelo Internacional”–.

A escasos metros del ruedo, Gustavo, un veterano asador de 17 lides, acaudilla los fogones al mejor estilo de ranchos y haciendas, en una rebosada parrilla con 150 kilos de carne que asa en el suelo a fuego de leña para deleite de jinetes, capataces de campo, tropilleros y ayudantes.

El tradicional estilo de gastronomía gaucha, con variada oferta en el predio rural, es otro de los anzuelos de seducción de las 200.000 personas, entre turistas y lugareños, que acuden anualmente al encuentro con las raíces de la cultura gauchesca.

Acompañados de guitarra, decenas de payadores se desafían en contrapunto de canto popular, en la variada agenda del festival que también ofrece a los visitantes espectáculos folclóricos, humoristas, muestras artesanales, elaboración y degustación de productos típicos.

Con la idiosincrasia a flor de piel, el campo se instala por una semana en la capital de la mano del típico personaje a caballo que habitó las zonas ganaderas de Argentina, sur del Brasil y Uruguay en el siglo XVIII.

Empero, en tiempos de globalización sus discípulos no desprecian la tecnología y marcan el contraste, luciendo en sus amplios cinturones tachonados, teléfonos celulares junto al rebenque.

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