Karajan, un demiurgo de la orquesta inmortalizado por el disco y la imagen

PARIS (AFP) – El austriaco Herbert von Karajan (1908-1989), demiurgo de la orquesta, nacido hace un siglo y muerto hace dos décadas, habrá dejado en la historia de la interpretación de la música clásica una huella indeleble gracias a su presencia excepcional en el disco y la imagen.

El mundo musical no ha esperado el aniversario de su nacimiento (5 de abril de 1908) para saludar el legado de quien sigue siendo, para el gran público, “el” director de orquesta por excelencia.

Todos los grandes centros musicales importantes en la carrera de Karajan, que duró más de medio siglo, han programado a lo largo de 2008 conciertos en su homenaje, de Berlín a Nueva York, pasando por Viena, París, Londres y, por supuesto, Salzburgo (Austria), su ciudad natal.

Lo que dominará el año, sin embargo, serán las apariciones y reediciones de discos Karajan, edificador de una impresionante discografía de alrededor de 800 grabaciones -sin contar sus decenas de conciertos y óperas filmadas- en los tiempos del microsurco triunfante y, luego, en el nacimiento del CD.

Con unos 200 millones de discos colocados en el mundo hasta ahora, Karajan es, según el crítico británico Norman Lebrecht, uno de los más importantes, sino el primero, de los “vendedores” de música clásica.

EMI Classics festeja este triunfo sacando a la venta dos integrales, una consagrada a sus grabaciones sinfónicas y concertantes (88 CD) y otra a su producción lírica y vocal (72 CD).

Decca (Universal), saca también su cofre, más modesto en cantidad (9 CD) pero con tomas de sonido espléndidas, con grabaciones realizadas en Viena en torno a 1960.

Deutsche Grammophon (Universal) reedita, en CD o DVD, no pocas joyas de las 250 grabaciones publicadas con la etiqueta amarilla.

Esta acumulación deslumbrante fue posible debido a que la carrera de Karajan estuvo ligada en forma indisociable a los progresos de la grabación, ya sea sonora o audiovisual.

La tecnología también fue un medio para acercarse al ideal musical para Karajan, amante, por otro lado, de autos de lujo, barcos ligeros y jets privados, que se complacía en decir: “el que alcanza todos sus objetivos es porque ha puesto la barrera demasiado baja”.

Diez años después de su primera aparición como director, Karajan grababa (en 1938) su primer disco, a frente de la Staatskapelle de Berlin, de la que iba a asumir la dirección tras haber hecho sus armas en los teatros de repertorio alemanes, en Ulm y, sobre todo, en Aquisgrán.

Después de haberle sido impedido, brevemente, dirigir tras la guerra en razón de su adhesión al partido nazi en los años 30, Karajan fue contactado por el gran director artístico de EMI, Walter Legge.

Con la orquesta Filarmonía, creada en Londres por Legge, o con la Filarmónica de Viena, Karajan dejará grabaciones de referencia, en particular con las operas de Mozart o de Richard Strauss.

Los micros capturaron su búsqueda de profundidad sonora, en la gran tradición alemana encarnada por su predecesor y rival Wilhelm Furtwangler, pero también la precisión y claridad que le fascinaba en Arturo Toscanini.

Luego, con su querida Orquesta Filarmónica de Berlín, de la que incluso logró ser nombrado “director vitalicio” en 1955, Karajan realizará un trabajo de fondo, no vacilando en regrabar varias veces sus obras preferidas (las sinfonías de Beethoven, el “Requiem alemán” de Brahms…).

Karajan fue uno de los primeros directores que se interesó en el video, lo que para algunos fue un modo de alimentar su propio culto de la personalidad. Ya en 1965 colaboró con el cineasta francés Henri-Georges Clouzot, que inmortalizó su gesto imperial, su perfil de aguila y su mirada de acero.

Abierto a todas las innovaciones, Karajan será uno de los primeros músicos que apoyó, ocho años antes de su muerte, el 16 de julio de 1989, el lanzamiento del disco compacto (CD), con la “Sinfonía alpina” de Richard Strauss.

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