Recorren Vía Dolorosa en Tierra Santa

Por Rubén Medina

Jerusalén.- Miles de peregrinos recorrieron el viernes las catorce estaciones de la llamada Vía Dolorosa, el camino que hizo Jesús hacia la Crucifixión, pasando por las estrechas calles de la ciudad antigua de Jerusalén.

Se trata de una distancia de poco más de kilómetro y medio y que hoy, como todos los días de Semana Santa, estaba saturada de peregrinos de todo el mundo y cristianos locales de origen palestino.

El castellano, como todos los años, era una de las lenguas dominantes en la marea humana, aunque también se dejaba notar la presencia de franceses y de numerosos feligreses de la Europa del Este.

“Este es el momento clave en la vida de todo cristiano”, manifiesta Silvia, una argentina que viene por segunda vez al Vía Crucis de Jerusalén.

“Yo no dejo de emocionarme cada vez que hago el recorrido porque es donde más siento mis creencias y mi religión”, afirmó la devota.

Unos con cruces a cuesta, otros reproduciendo los latigazos que sufrió Jesús desde que fue condenado por el gobernador romano Poncio Pilatos, los peregrinos caminaron hacia el Santo Sepulcro pasando delante de los bazares de la población musulmana, que trataba de aprovechar el turismo para vender.

“Hoy no compramos, por lo menos hasta que se termina la procesión”, manifestó con solemnidad José Magner, procedente de Colombia, mientras seguía los pasos de un grupo de monjes franciscanos.

La procesión comenzó en el Pretorio, el lugar de residencia de Pilatos y donde Jesús fue juzgado y condenado a la muerte.

La crucifixión era una de las formas más comunes de ejecución en el imperio romano, y se cree que en las semanas previas a los episodios narrados en el Evangelio, otros veinte mil judíos sufrieron la misma suerte, aunque hasta ahora nadie ha conseguido ofrecer las razones.

El “Vía Crucis”, literalmente “camino de la cruz”, es un término que data del Siglo XVI, y aunque pasa por los principales lugares en los que estuvo Jesús el recorrido podría haber sido más corto cuando El lo camino cargado con su propia cruz, y con una corona de espinos y un manto con los que Pilatos quiso ridiculizarlo.

En la cruz fue donde le colocaron el letrero de INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, Jesús de Nazaret Rey de los Judíos).

En el Vía Crucis de Jerusalén, que este año estuvo encabezado por última vez por el patriarca Michel Sabah, quien anunció hace unos días su jubilación por haber llegado a los 75 años, los creyentes sólo portan cruces, y no hay ninguna imagen de Jesús.

La tradición sentencia que la crucifixión ocurrió entre las 11 y las 15 horas del mediodía, y unas horas después, ya muerto, fue bajado para ser enterrado en una cueva que había dispuesto para él José de Arimatea.

Uno de los lugares que más cautiva ahora a los peregrinos es la llamada “Piedra de la Unción”, un mármol rosado a la entrada del Santo Sepulcro en el que se cree que el cuerpo de Jesús fue depositado al bajarlo de la cruz y en el que le untaron los últimos óleos, según una costumbre de la época antes de enterrar a los muertos.

Miles de peregrinos pasaron por la piedra para hacer sus oraciones y muchos depositar todo tipo de objetos para consagrarlos.

Otros, untaban pequeños trozos de algodón en aceite y los pasaban por la piedra para después llevarlos a sus familiares en los países de origen, como amuleto.

Hoy, el flujo de cristianos hacia el Santo Sepulcro se mezcló a mediodía con el de musulmanes que acudían a la Mezquita del Domo de la Roca para rezar, y con algunos niños judíos disfrazados con motivo de la fiesta de Purim, en una simbiosis que puso claramente de manifiesto el carácter multireligioso de la ciudad, origen de tantos conflictos a lo largo de los siglos.

Debido a la celebración de Purim y de Semana Santa, la policía israelí está en estado de alerta máxima y los territorios palestinos cerrados hasta el domingo para impedir posibles atentados.

Los actos de Semana Santa proseguirá

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