El hombre ambiental.

Por José Espina

Dios crea al Hombre, el Hombre crea la industria, la industria contamina el medio ambiente y el medio ambiente contaminado acaba con el Hombre. Tal ciclo mortal no es un mero pensamiento existencial, religioso o de ciencia ficción; es en los hechos, algo que se viene dando en el mundo de tiempo atrás.

Los estragos que la contaminación ambiental producto de los deshechos radioactivos o la que se genera por un accidente nuclear, le han causado a miles de personas, son sin duda la muestra más extrema que hasta hoy conocemos, de lo que desencadena la contaminación que generamos nosotros mismos como humanidad.

Pese a lo anterior, no es que el hombre “esté a punto de desaparecer” a causa de la contaminación ambiental, más bien se trata de un proceso paulatino; es como una enfermedad silenciosa que avanza lentamente.

Tampoco es que no veamos los síntomas, por el contrario, están frente a nosotros, sin embargo nos acostumbramos a contemplarlos en lugar de reaccionar en forma adecuada ante ellos.

Los ríos, mares y lagunas, al igual que el aire y el subsuelo, contaminados con los deshechos de la actividad humana, son parte de la realidad que ya no sólo no nos sorprende sino que peor aún, ya no nos inquieta.

Pero también existe, por su puesto, la contaminación a nivel micro, en la población de la que formamos parte, en nuestras calles, parques y jardines, en nuestras cañadas y riachuelos, en los lotes baldíos, en nuestro hogar.

Mezclar deshechos orgánicos e inorgánicos y acumularlos en lugares no diseñados para ello; el fecalísmo canino, el uso y aplicación de ciertos productos químicos en lugares no confinados, el transporte público y particular con una mala combustión, la descomposición de cadáveres animales a cielo abierto.

También el verter aceite quemado y sobras de alimentos a las alcantarillas, son algunas de las múltiples causas que agravan y agrandan el problema, propician la aparición de infecciones, de fauna nociva y de enfermedades que afectan la salud y la vida de las personas.

Peor aún, cuando por alguna causa, algunas familias habitan en casas aledañas a los focos de contaminación e infección; ya sea una cañada, laguna, basurero o río contaminado; o bien, cuando estos hogares están emplazados en las zonas industriales cuyas fábricas no mantienen bajo control sus procesos ni están dentro de los límites permitidos de contaminación del aire.

Todo ello bajo leyes y reglamentos que no se aplican, que no son funcionales o que de plano son obsoletos.

La contaminación ambiental es un problema que en México hemos dejado crecer a niveles alarmantes. Lo mismo ha sucedido en naciones tan grandes e importantes como Estados Unidos y China; “Mal de muchos, .” dirían algunos.

Hasta ahora, el tema ambiental se ha observado especialmente desde la perspectiva ambientalista, la cual en muchas ocasiones, pese a su muy bueno y comprensible afán de proteger a la naturaleza, no alcanza a ver las implicaciones técnicas, industriales, económicas y sociales.

Estos aspectos necesariamente deben valorarse para diseñar soluciones viables y así superar la guerra de trincheras en la que los ambientalistas y sus detractores se han enfrascado desde hace años y con lo que no se ha logrado un avance importante hacia la solución del problema.

La dimensión del problema exige que en nuestra sociedad se dé un proceso de información y educación, para que conozcamos y entendamos la gravedad del problema y, a partir de ello, todos comencemos a trabajar en las soluciones.

Es un asunto que demanda que los diferentes actores sociales participen desde su ámbito de conocimiento y actuación; se requiere que los industriales, empresarios, investigadores, conservacionistas y legisladores, aporten su conocimiento para la adecuada toma de decisiones.

A fin de cuentas lo que debe surgir de dicho diálogo, son las nuevas reglas a las que deberemos ajustar nuestra actuación en la vida cotidiana.

El tema ambiental debe formar parte importante de la

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