Kirchner en jaque por el campo y la oposición

BUENOS AIRES (AFP) – La puja entre los agricultores argentinos en huelga y el gobierno por la renta de las millonarias exportaciones de soja derivó esta semana en lucha política, con la oposición liberal lanzada a golpear cacerolas en las calles como en 2001, en una prueba de fuego para la presidenta Cristina Kirchner.

“¡Que se vayan, que se vayan!”, gritaban por las noches millares de manifestantes antigubernamentales, unos movilizados espontáneamente y otros por la oposición.

El ardor de las protestas y bloqueos de carreteras de productores de la pampa húmeda, la más fértil región del país, donde tiene fuerte peso de la economía agrícola, se trasladaba súbitamente a las ciudades.

La Plaza de Mayo frente a la Casa Rosada (gobierno), foro histórico de los argentinos, volvió a ser caja de resonancia del ruido de cacerolas, como las que retumbaban antes de la caída del presidente conservador Fernando de la Rúa (1999-2001).

“En esa plaza también pudimos ver las caras de los defensores de los genocidas (de la dictadura). Y vi también un cartel que decía ‘Volvé Videla'”, dijo la presidenta en un fervoroso acto al referirse al detenido ex dictador Jorge Videla.

Piqueteros fanáticos partidarios del gobierno habían irrumpido antes en la Plaza para echar a golpes y empujones a los opositores.

Grupos de choque pro-oficialistas entraron en escena al grito de “¡Abajo los oligarcas! y “¡Fuera de la Plaza de Perón y de las Madres!”, en referencia al extinto presidente y a las madres de desaparecidos en la dictadura.

Pero lejos de estos enfrentamientos (que parecían salidos del túnel del tiempo del peronismo-antiperonismo de los años 40 al 70), el foco del conflicto ardió a centenares de kilómetros de los centros urbanos, en los campos sembrados con la soja.

El valor de la cosecha 2008 del ‘oro verde’ del siglo XXI está calculado en 24.000 millones de dólares, que equivalen a poco menos de la mitad del total de las exportaciones y el doble de lo que paga el país por los servicios de la deuda.

El gobierno intenta aumentar de 9.000 a 11.000 millones de dólares el fruto fiscal de esa renta, con un nuevo programa de impuestos móviles, que aumentan al compás de los precios internacionales.

Si se mantienen altos los precios agrícolas, Argentina podría lograr un superávit fiscal récord de 4,0% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que las arcas del Banco Central (autoridad monetaria) rebosan con más de 50.000 millones de dólares.

“¡Esto es una confiscación, vamos a quemar la cosecha y a derramar la leche de los tambos!”, amenazaron los agricultores que organizaron la más grande protesta agraria que se recuerde en 100 años.

La polarización entre opositores y oficialistas ha puesto al país en máxima tensión, mientras que las góndolas de los supermercados y almacenes se ven cada vez más vacías de alimentos por efecto del boicot empresarial.

Una luz de esperanza se encendió la noche del viernes con el levantamiento de la huelga anunciado por los dirigentes rurales, para iniciar negociaciones con el gobierno, aunque productores continuaron a la vera de las rutas a la espera de resultados concretos.

“Si levantan la huelga, vamos al diálogo”, había pedido el jueves la presidenta.

Pero analistas consideran que el cuadro puede agravarse sin una reforma que afloje el peso fiscal sobre los pequeños productores y lo mantenga sobre las grandes corporaciones exportadoras.

“Es preciso aplicar impuestos segmentados, diferenciando claramente a cada sector y protegiendo a las familias agricultoras”, se pronunció la CTA, la central obrera minoritaria, opuesta a la mayoritaria y progubernamental CGT.

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