Rechazan caza de focas “bebes” en Canadá

Montreal.- La caza de focas “bebes” comenzó el viernes en el Golfo de San Lorenzo, Canadá, y con ello la movilización de grupos ambientalistas que se oponen a esta actividad a la que consideran brutal y contraria a la conservación de las especies.

Entre los principales opositores a esta práctica figura este año Paul Watson, uno de los fundadores de Greenpeace, y el fotógrafo Nigel Barker invitado por el grupo Humane Society de Estados Unidos.

El ministro de Pesca y Océanos de Canadá, Loyola Hearn, autorizó la caza de 275 mil focas arpa y advirtió a Watson -uno de los pioneros en la lucha contra los balleneros- que debía seguir las reglas y no poner en peligro la seguridad de los cazadores.

La caza de focas se efectúa en los bancos de hielo en el Golfo de San Lorenzo, que representa menos de un tercio de la caza total, realizada fundamentalmente en los bancos de hielo en la provincia de Terranova a partir del mes próximo.

Los pescadores comenzarán este viernes la caza en los bancos de hielo de las Iles-de-la-Madeleine y en la región de la Basse-Cote-Nord, en Québec, donde las focas arpa están con sus crías, los “bebes” que son cazados por sus pieles blancas.

Watson, un canadiense que desde hace 20 años vive en Estados Unidos, fue uno de los fundadores de Greenpeace y de Sea Shepherd Conservation Society, y es conocido por sus acciones temerarias para frenar la caza de ballenas.

La caza de focas arpa es motivo de un debate continuo entre los grupos que protegen los derechos de los animales y las ocho mil personas de las comunidades de pescadores del Este canadiense que dependen de esta actividad.

Varios filmes sobre la forma como los cazadores mataban y despellejaban a las focas “bebes” despertaron un repudio general en la mayor parte del mundo, y las medidas para hacer menos cruel esas matanzas no han surtido efecto entre los grupos conservacionistas.

Las autoridades de la pesca canadiense adoptaron este año nuevos métodos para garantizar que las focas estén muertas antes de que sean despellejadas.

La estadounidense Humane Society informó que la Unión Europea encara la prohibición de importaciones de productos de esta caza, lo que de concretarse pondría fin a esta actividad económica.

Pero el gobierno canadiense envió una delegación para “cabildear” con los países europeos y rechazar las denuncias de los conservacionistas, que según Ottawa exageran al calificar como cruel este tipo de caza y de sanguinarios a los cazadores que la practican.

En Canadá, donde hasta la década de los años 70 se usaba la piel de foca para confeccionar abrigos de invierno, esta costumbre desapareció debido a la oposición a la caza de este mamífero marino y a la aparición de alternativas, como las “parcas” con plumas de ganso.

El mercado de pieles de focas se ha ido reduciendo y está confinado a ciertos países de Europa y Asia. Para este año se autorizó la caza de 275 mil animales, cinco mil más que en 2007 y menos que los 335 mil autorizados en 2006.

El pescador Shane Briand, de Cap Breton, dijo que la caza de focas “es un trabajo sucio”, pero necesario para ganar algo de dinero destinado a la reparación de su navío antes de que inicie la estación de pesca, en mayo próximo.

Las comunidades pesqueras de las provincias del Atlántico han sufrido en las últimas dos décadas por la desaparición de la pesca del bacalao y por eso consideran como vital que se mantenga la caza de las focas.

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