Sin fanfarria, Raúl Castro imprime a Cuba una dinámica reformadora

LA HABANA (AFP) – Paso a paso y seis semanas después de su llegada a la presidencia de Cuba, Raúl Castro imprime al país una dinámica reformadora, tan discreta como audaz, dando prioridad a las “necesidades elementales” de los cubanos, a riesgo de alejarse de los preceptos de su hermano Fidel.

En una semana, casi sin ningún anuncio oficial, Raúl, de 76 años, hizo saltar varios de los cerrojos más sensibles a los ojos de una población ávida de cambios y agobiada por escaseces incesantes.

Introduciendo un verdadero “derecho al consumo”, liberó la venta a los cubanos de computadoras y de algunos equipos electrodomésticos, así como el acceso a la telefonía móvil.

Pero más espectacular y simbólico fue el levantamiento desde el pasado domingo de la prohibición que pesaba sobre los cubanos de hospedarse en hoteles y sitios turísticos, posibilidad reservada desde 1996 sólo a turistas extranjeros.

De forma indirecta, el ex presidente, Fidel Castro, se aproximó al tema en esta jornada en un mensaje escrito a un congreso de artistas e intelectuales, al señalarlos como parte de “la existencia que promete el imperialismo” pues “cada uno de ellos (esos aparatos) será sustituido por otro invento más efectivo y ya no puede siquiera garantizarse el secreto de lo que habla una pareja en el banco de un parque”.

Por su parte, Tom Shannon, secretario de Estado adjunto norteamericano para Asuntos hemisféricos opinó que “Cuba es una sociedad cerrada y cualquier apertura es una cosa buena”. Pero el cambio “necesita ser más rápido y más amplio”. “Éste es un momento de suma importancia para Cuba. Despacio, tentativamente, se inicia un proceso de cambio” dijo.

Raúl Castro, que se apoya para esas reformas en una frágil recuperación económica, parece así deseoso de pasar la página negra del “período especial (crisis)”, 20 años después del hundimiento de la economía de la isla como consecuencia de la caída del bloque comunista europeo.

Más respetado que amado por los cubanos durante mucho tiempo, Raúl Castro, parece caminar ahora hacia una popularidad basada en su pragmatismo y su preocupación por mejorar la vida de sus compatriotas.

Emblemáticas del “estilo Raúl”, todas estas decisiones -excepto la de los teléfonos celulares- se han preparado en secreto e introducido mediante los canales internos, sin la menor búsqueda de publicidad.

Son las primeras medidas en una lista que incluiría además la libre compra-venta de automóviles y viviendas a particulares y cuya culminación puede ser autorizar la creación “microempresas” de hasta cinco empleados.

Muchos de estos reclamos fueron planteados enérgicamente por la población durante las miles de reuniones populares, celebradas en el otoño boreal pasado, siguiendo la convocatoria del propio Raúl a analizar los problemas del país “con sinceridad y valentía”.

En su toma de posesión, el 24 de febrero, Raúl aseguró que el país tiene “como prioridad satisfacer las necesidades básicas de la población”, a través de cambios “progresivos” y “graduales”, destinados “a perfeccionar el socialismo”.

Pero los cambios también pueden hacer saltar a la luz inequidades en una sociedad marcada durante medio siglo por el igualitarismo, del que Fidel está orgulloso.

El salario medio en Cuba es de 408 pesos (unos 18 dólares), pero muchos nacionales tienen otras entradas y compran las divisas (CUC) en las casas de cambio, reciben estimulaciones de sus empresas o remesas de sus familiares en el extranjero, entre otras fuentes.

Aún así, se espera que sean pocos los que puedan acceder a los hoteles, los teléfonos celulares o los electrónicos, todos en divisas, en proceso de venta a la población.

“¿De dónde saldrán los recursos de la sociedad para ofrecer los servicios esenciales de la vida a todos, puedan o no trabajar, produzcan o no bienes o servicios económicos?”, pregunta Fidel en el mensaje a intelectuales al defender los impuestos indirectos.

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