Reo mexicano dice que es macho y que no teme a la pena de muerte”

Por Francisco Trujillo

Livingston, Texas.- El mexicano Virgilio Maldonado Rodríguez se ríe de la ineludible pena capital y dice que lo único que le acongoja es no haber cohabitado con una mujer durante su cautiverio en el pabellón de la muerte en Texas.

Luce lleno de vida y se declara romántico a pesar de estar en una “unidad de segregación administrada”, o de “súper máxima seguridad, aislamiento y confinamiento”.

Eso no ha marchitado su afición a cantar y componer prosa, tiene más de 150 melodías escritas, cada letra lleva un sentimiento de halago a la mujer.

En los últimos 11 años, Maldonado ha compartido con la fría pared su más intimo deseo, “de tener una mujer”.

“Yo sin mujer, a mí esta vida no la quiero vez. Es por esa razón que dos veces mandé tirar las apelaciones, pero no me dejan hacerlo”.

Por ello, dice, no está angustiado por el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos que libera a Texas de la responsabilidad de los casos de mexicanos condenados a muerte como lo había ordenado la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Maldonado extraña a su madre a la que no ve desde hace más de 12 años y de la que no sabe nada desde 2005.

“Yo comencé el viaje a California primero cuando tenía unos 14 años”, relata. “Me vine a buscar a mi papá. El dejó a mi madre cuando estaba embarazada. Luego iba y venía, hasta que me agarraron”.

“Tengo una hija en Houston y mucha familia ahí, pero no me visitan”. “Sólo mis abogados y de vez en cuando la gente del consulado”, afirma.

Dice tener la conciencia tranquila, tanto que le permite reírse de la muerte.

“Yo me rió de la de la muerte y de ellos (las autoridades de Texas) también, porque yo sé lo que hice y lo que no hice”, señala y alega que es inocente.

Maldonado concede a Notimex la primera entrevista desde que fue sentenciado a muerte, en la que afirma que nunca pedirá clemencia por un crimen que no cometió.

“A mí nunca me van a ver que pida clemencia, que no me maten; no, yo soy hombre, yo no tengo miedo pa’nada, yo me río de la muerte y de ellos también”.

“Nunca me van a ver a mi espantado, a mí jamás. yo no tengo miedo de morirme; toda la vida desde que nací sé que un día tengo que morirme, eso le llega a todos, no sólo a mí”, externa.

De 42 años, originario del Rancho Acuyo del municipio de Carácuaro en el centro occidental estado mexicano de Michoacán, recibe a Notimex en la sala de visitas de la Unidad Carcelaria Polunsky en Livingston, al noroeste de Houston.

Allí están recluidos otros 13 mexicanos entre los más de 430 reos sentenciados a la pena máxima.

La Corte Internacional de Justicia, el organismo judicial de Naciones Unidas, dictaminó que Estados Unidos y sus entidades violaron el artículo 36 de la Convención de Viena de 1963, al no ofrecer a estos mexicanos la posibilidad de acogerse a su derecho a asistencia diplomática “sin retraso” tras su detención.

“He aprendido aquí a leer y a observar lo que pasa”, dice. “Esto de las leyes, es puro juego, puro juego” señala, al mostrar su falta de fe en el sistema judicial estadunidense.

El michoacano fue sentenciado a la pena de muerte tras ser declarado culpable del homicidio a balazos de Agustín Saucedo, el 6 de octubre de 1997 en Houston.

“Eso es mentira”, alega. “Yo nomás participé en un asalto de banco, el 11 de abril de 1996”.

“El policía que me mandó pa’acá, (al pabellón de la muerte) inventó todo eso”.

El cadáver de Saucedo fue encontrado por un hijo de la víctima. De acuerdo con la policía de Houston, Maldonado cometió el asesinato para robar unas libras de marihuana y dos armas, entre ellas un “cuerno de chivo”.

El mexicano se encontraba en prisión cuando fue acusado de haber asesinado a Saucedo, de dos balazos en la cabeza.

La confesión fue obtenida tras dos semanas de presión de los policías que violaron su derecho a tener un abogado defensor presente como lo había exigido desde el primer día.

El policía que lo ac

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