“En Texas no hay justicia”: mexicano condenado a muerte

Por Francisco Trujillo

Livingston, Texas.- Desde la prisión en la que permanece recluido desde hace 13 años sentenciado a la pena de muerte, el mexicano Edgar Tamayo Arias denuncia que en Texas, “nuestra pobreza y nuestro color de piel nos hacen culpables”.

“Siempre nos van a dar pa’tras los gueros”, acusa al comentar a Notimex el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos que elimina uno de los últimos recursos para suspender las ejecuciones de mexicanos.

“En Texas no hay justicia. Nomás mira a tu alrededor, la mayoría de los presos acá somos gente pobre, negros e hispanos. Por nuestra pobreza y nuestro color de piel somos culpables”, puntualiza.

Aun así, el originario de la comunidad de Miacatlán, en el estado mexicano de Morelos, dice que está dispuesto a luchar “con todo” para eliminar su sentencia, que debe cumplirse por inyección letal por el asesinato del policía Guy P. Gaddis, en Houston el 31 de enero de 1994.

Tamayo, de 40 años de edad, se muestra optimista, a pesar de haber sido declarado culpable y sentenciado de lo que aquí se considera uno de los peores crímenes: la muerte de un policía.

“Eso fue un accidente”, sostiene el morelense. El policía, quien tenía sólo 24 años de edad, había detenido a Tamayo luego de que un hombre reportó que le había robado.

El agente subió al mexicano esposado en la parte trasera de su patrulla y el reporte oficial señala que Tamayo, aún con sus manos sujetas, pudo sacar una pistola de entre sus ropas y disparar a la cabeza de Gaddys cuando conducía, lo que provocó que chocara la unidad.

Tamayo, lesionado, se dio a la fuga, pero fue detenido a unas cuadras del lugar.

Luego de 13 años de apelaciones su optimismo se ha incrementado ahora que el gobierno de México le asignó a él y a otros reos con la misma pena “buenos abogados particulares”, para interponer nuevas demandas y apelar sus casos.

“Eso fue por nuestra insistencia”, dice y lamenta que la ayuda profesional les ha llegado ahora que “los casos están muy avanzados”.

“¿Por qué no nos ayudaron antes?” cuestiona al lamentar el tiempo perdido en su defensa.

Confía en que no está en riesgo inminente de ser ejecutado pues cuenta con recursos presentados ante las cortes federales. “Pero en unos dos años, podrían darme fecha de ejecución. Mi caso está muy avanzado”.

Por ello, el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia que exonera a Texas de revisar los casos de mexicanos en pena de muerte como lo había ordenado la Corte Internacional de Justicia de La Haya, “a mí no me afecta mucho, porque yo aún estoy en la (corte) federal”.

La CIJ, el organismo judicial de las Naciones Unidas, había ordenado en marzo de 2004 la revisión de 51 casos de reos mexicanos sentenciados a la pena capital en Estados Unidos al señalar que les habían violado sus derechos bajo la Convención de Viena.

La Corte internacional dictaminó que Estados Unidos y sus entidades violaron el artículo 36 de la Convención de Viena de 1963, al no ofrecer a estos mexicanos la posibilidad de acogerse a su derecho a asistencia diplomática “sin retraso” tras su detención.

“Eso era una ley internacional (la decisión de la CIJ). “¿Como quiere Estados Unidos que se respeten sus leyes, si ellos no respetan” las leyes de los demás?, se pregunta.

Tamayo reconoció que la intervención de las autoridades mexicanas y el dictamen de la CIJ, ayudaron a evitar la ejecución de algunos de los mexicanos.

El morelense, que asegura se ha aficionado en prisión a leer libros de Leyes, pidió al gobierno de México que continúe con su esfuerzo de hacer valer la letra de la Convención de Viena de 1963.

El mayor de los cinco hijos del matrimonio del profesor Héctor Tamayo y María Isabel Arias, aprovecha la entrevista para pedir ayuda al gobierno de Morelos, a fin de ver a sus padres a quienes se les dificulta viajar a Texas.

“Mi jefecita se chinga mucho vendiendo aguas frescas para pagar los pasajes”, lamenta. Dos de sus hermanos viven en Estados

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