Traspasa siglos creencia en ‘el diablo’

Por Andrés Beltramo Alvarez

Ciudad del Vaticano, 7 Abr (Notimex).- Digan lo que digan algunos teólogos superficiales, Luzbel, Lucifer, Satanás o Mefistófeles como le denominan las religiones, no sólo la cristiana sino también la judía y la musulmana para personificar al mal en el ‘Principe de las Tinieblas’ éste existe.

El tema es actual e influye, tanto que el autor italiano Renzo Lavatori acaba de publicar una “Antología Diabólica”, un libro que recopila una serie de textos sobre la personificación del maligno en la literatura.

Las culturas antiguas, incluso precristianas como los filisteos tenían nombres para referirse al diablo, tal es el caso de Belcebú, deidad maligna adorada en la ciudad de Ekron, la cual posteriormente fue asimilada por el cristianismo.

A’arab Zaraq era la representación del demonio en el judaísmo mientras Zahhak era una figura mitológica persa que se hizo evidente en el folclor de la antigua Irán.

En el fondo se trata de representar la lucha entre el bien y el mal, el libre albedrío, las emociones, los momentos de prueba y las tentaciones.

El teólogo Karl Rahner, uno de los referentes intelectuales de Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), escribió que sería “poco serio considerar al diablo y a los demonios como una clase especial de duendes que andan vagando por el mundo”.

“Más bien podría aceptarse que se trata de poderes del mundo en la medida en que este mundo representa una repulsa de Dios y una tentación para los hombres”, estableció en su obra Diccionario de Teología.

Desde la historia precristiana han pasado siglos, y la concepción espiritual del ser humano evolucionó hasta el actual panorama dominado por las religiones monoteísta. Así ocurrió también con la idea del “Príncipe de las Tinieblas”.

La parte occidental del planeta, principalmente en los continentes Europeo y Americano, heredaron la visión cristiana del Demonio, reforzada por la producción artística medieval y del Renacimiento que plasmó los miedos más profundos de la sociedad de su época.

Estas figuras representaban espíritus malignos con cuernos y cola, con tridente, en medio de infiernos de fuego y lava; descripciones muchas de ellas heredadas de obras maestras de la literatura como la “Divina Comedia” de Dante Alighieri.

Mientras la Iglesia Católica centró su predicación durante los años de la Edad Media en una fuerte carga diabólica, esta tendencia fue modificándose con la llegada de la Ilustración y la Modernidad hasta mutar definitivamente en el siglo XX.

La predicación sobre el infierno y la condenación eterna perdieron fuerza, sacerdotes y párrocos abdicaron de la posibilidad de hablar de estas realidades sobrenaturales llegando incluso a creerlas “reliquias teológicas”.

Tras el Concilio Vaticano II, la gran reforma de la Iglesia que culminó en 1965, fue el Papa Pablo VI quien revivió el tema y aseguró que “por alguna rendija el humo de Satanás había ingresado a la Iglesia”.

Con él coincidió en 1982 el entonces cardenal Joseph Ratzinger, aún prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, en el libro “Informe sobre la Fe”, una entrevista concedida al periodista italiano Vittorio Messori.

“Digan lo que digan algunos teólogos superficiales el diablo es, para la fe cristiana, una presencia misteriosa pero real, no meramente simbólica, sino personal”, aseguró en ese texto, idea que ratificó al convertirse en Benedicto XVI.

Pero el carácter enigmático de este personaje, oscuro y tenebroso, ha traspasado los siglos y en la sociedad moderna provoca discusiones religiosas pero también humanas, psicológicas, sociales, culturales y filosóficas

You must be logged in to post a comment Login