Para no perdérselas: Bodas de Sangre, en GALA

Es un poema trágico, basado en hechos reales del siglo pasado. Se trata de la competencia por una chica entre dos andaluces del campo. ¿Suena aburrido? No lo es; todo lo contrario.

La trama galopa hacia el desenlace inevitable, y esta versión del director Hugo Medrano le marca el paso a medida que crece la tensión junto a las pasiones de los enamorados, haciendo contrapeso los cantos inocentes de jóvenes del pueblo a las premoniciones de una madre que demasiado ha pasado.

El guión puede ser parco, seco como las tierras de la familia de la muchacha. Dice el padre de la novia a la madre del novio: “Mi hija es ancha y tu hijo es fuerte.” Es suficiente; dos adjetivos explican todo. Pero hay también el verso y la prosa deslumbrantes de Federico García Lorca: “…el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego.”

Presentada en 1933, la obra toma lugar en la España rural justo antes de la República y del fascismo franquista, que sólo dos años después fusilaría al autor. En ese tiempo y lugar, poco cambia; poco espera la gente más allá de hacer producir tierras que hay que castigar y llorar para que rindan. “Buenas; pero demasiado solas. Cuatro horas de camino y ni una casa ni un árbol”.

Pudiera decirse de sus mujeres, aisladas. “¿Tú sabes lo que es casarse, criatura?” pregunta la madre a la novia. “Un hombre, unos hijos y una pared de dos varas de ancho para todo lo demás.”

Caballos, toros, y navajas son los símbolos que maneja García Lorca para los hombres. Punzada mortal de cuchillo, estocada al corazón del toro. “¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre, que es un toro?”

Con un cuchillito
que apenas cabe en la mano,
pero que penetra fino
por las carnes asombradas
y que se para en el sitio
donde tiembla enmarañada
la oscura raíz del grito.

En estas Bodas, la sangre define a la familia, se mezcla con otra sangre y destino, encierra y suelta pasiones, al fin corre, y riega la tierra que en esas partes es todo. “Una fuente que corre un minuto y a nosotros nos ha costado años. Cuando yo llegué a ver a mi hijo, estaba tumbado en mitad de la calle. Me mojé las manos de sangre y me las lamí con la lengua. Porque era mía. Tú no sabes lo que es eso. En una custodia de cristal y topacios pondría yo la tierra empapada por ella.”

Son las pasiones carnales, incontrolables, las que rompen con el estancamiento de un campo que no varía. Buscan escaparse de las paredes que las encierran, rodeadas de soledad, pero no llegan lejos. Huye la pareja al lomo del caballo que acarrea sus pasiones:

Las patas heridas,
las crines heladas,
dentro de los ojos
un puñal de plata.
Bajaban al río.
La sangre corría
más fuerte que el agua.

La poesía de García Lorca hiela tanto como calienta la sangre de quien la escucha.

Un excelente elenco, tan internacional como son el Teatro Hispano GALA y el vecindario de Columbia Heights, en Washington, le da vida a esta puesta en escena, apoyado en una escenografía sencilla y danzas acompañadas por una guitarra y palmadas. Entre los protagonistas colaboran dos actores españoles, Frank Vélez y Mel Rocher, junto a los artistas de GALA Carlos Castillo, Karen Morales, y María Victoria Peña, con nueve más de la compañía y siete otros participantes.

Difícil es escoger favoritos entre ellos, pero, para el que escribe, se destacan la Madre (Peña), el Padre (Rocher), y la Novia (Morales). Ediza Vega se divierte a plenitud en el papel de la Criada, haciéndole contrapunto a los demás personajes.

Perderse las Bodas de Sangre de García Lorca, y en esta producción de GALA, sería razón de arrepentirse.

Hasta el 27 de abril 2008
Jueves a sábado 8pm
Domingo 3pm
www.galatheatre.org

You must be logged in to post a comment Login