Cuba; Espejismos de Libertad.

Por José Espina

Este primero de abril, el gobierno de La Habana, ahora encabezado por Raúl Castro, levantó las restricciones jurídicas para que el pueblo cubano pudiera comprar equipos electrodomésticos.

La medida ha sorprendido a muchos, pero no porque se hayan levantado tales restricciones, sino más bien por recién enterarse de que en la “democracia” cubana de los siglos XX y XXI, tales restricciones existieran.

Según los datos, actualmente un trabajador cubano gana en promedio, entre 15 y 17 dólares al mes. Con tales ingresos, los cubanos deben pagar una serie de bienes y servicios, muchos de ellos de primera necesidad.

Ahora, con el dinero que “les sobre” mensualmente, los cubanos tienen la libertad de adquirir una olla de presión eléctrica de entre 17 o hasta 54 dólares, un reproductor DVD de entre 118 y 162 dólares, o una computadora e incluso una motocicleta de más de 800 dólares.

Adicionalmente, a los cubanos ahora también les está permitido alojarse en los hoteles que, desde 1990, estaban reservados exclusivamente para turistas, pagando claro está las tarifas correspondientes.

La situación es clara, muy pocos son los cubanos que hoy cuentan con el dinero suficiente para adquirir la aparente oleada de productos que estarán muy cerca de ellos, pero separados por las vitrinas. Los pocos que puedan comprar algunos de estos productos, tendrán que hacer las filas correspondientes para ello.

A fin de cuentas, resulta lamentable observar que en pleno siglo XXI, después de 50 años de vivir bajo un régimen dictatorial que ha generado rezago económico y social, a los cubanos finalmente “les está permitido” adquirir una olla para cocinar arroz. La verdad es que más que alegrarnos de ello, debería generarnos indignación.

Sin embargo, tales medidas han entusiasmado a algunos, quienes observan que el régimen cubano está cambiando; y sí está cambiando, pero de ninguna manera en lo esencial, por lo que tal entusiasmo en todo caso, tiene que ser mínimo.

Hasta ahora, el sistema de libertades en Cuba sigue cancelado y mientras tal situación prevalezca, el bienestar y desarrollo cubano es meramente superficial.

Por su parte, Fidel Castro criticó, más que a la medida tomada por su hermano Raúl, a los productos en sí, a quienes calificó como “productos del imperialismo”.

Aunque no aclaró si se refería a que los teléfonos celulares, televisiones, reproductores de DVD, entre otros, provienen del “imperialismo estadounidense” o del “imperialismo chino”, pues según se ha difundido, la mayoría provienen de China, país que por cierto, al igual que Cuba, sólo ha mostrado apertura para los aspectos comerciales y productivos.

No así para transformarse en una nación libre y democrática, y si no, que le pregunten a los monjes tibetanos que en estos días siguen sufriendo violentas represiones del gobierno chino, por el simple hecho de que manifiestan su deseo de ser libres.

Siglos atrás, en la época de los conquistadores, algunos engatusaron a otros ofreciéndoles espejitos a cambio de algo muy valioso, ahora se ofrecen ollas de presión y teléfonos celulares a cambio de la libertad. (Notimex) (El autor es integrante del CEN del PAN) [email protected]

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