El robo de la cultura

La colonia española fue mercantilista, extractiva: se llevó oro, plata, estaño, piedras y maderas preciosas, todo lo valioso que podía ser embarcado y enviado a España.  Construyó palacios y catedrales y villas suntuosas con esos metales y esas maderas, a costa del desarrollo de las naciones americanas.   Igual hicieron otros imperios–Inglaterra, Francia, Portugal. Eso se sabe.  Menos reconocido es el hurto cultural, que continúa hasta el presente.

Mientras que Europa desdeñaba las civilizaciones indígenas, y tildaba de salvajes a los creadores de las maravillas que Europa destruía, también se apropiaba  de la producción cultural de los mismos.  Los artículos de oro y plata frecuentemente eran fundidos, para convertirse en objetos de lujo al estilo europeo, incluso en crucifijos y coronas, aunque no así las obras de piedra y cerámica.  Artículos de toda clase fueron acumulados por personas e instituciones que, al poseer la producción cultural indigena, se hacían creer más educados, poseedores de una cultura más amplia y superior por adueñarse de las de otros.

Pero esto no dejó de suceder con la independencia, que de paso fué una independencia de criollos, no de indígenas.  El saqueo continuó, por intereses particulares, a veces institucionales.  Es así que los museos europeos contienen colecciones de arte indígena mejores que muchas colecciones de Latinoamérica y el Caribe.   La razón era–es–la razón colonial: los europeos, con una mayor apreciación de los objetos culturales que los que crearon esos objetos, tienen derecho superior a poseerlos.  ¿Qué indio va a apreciar las creaciones indígenas tanto como un europeo? Además, son países subdesarrolados, incapaces de cuidar su propia riqueza cultural, y no importa que ese subdesarrollo haya sido impuesto por los europeos.

Con el tiempo, a los europeos se sumaron los estadounidenses, particulares tanto como instituciones.  Y los museos de EU ahora contienen maravillosas colecciones indígenas, obtenidas en gran parte por el hurto llano y sencillo.   Incas, olmecas, toltecas, aztecas, mayas, chibchas, aymaras, y un sinnúmero de otras tribus y naciones, incluso muchas que todavía existen, pueden encontrar sus más preciados valores culturales no en América del Sur, sino en ciudades como Nueva York, Washington, y Boston, así como Madrid, Francia, Berlín y Londres.  También en New Haven, Connecticut, sede de la Universidad de Yale.

Informa hoy MetroLatinoUSA que, según el ministro de salud peruano, la mencionada universidad atesora más de 40.000 piezas arqueológicas procedentes de sólo Machu Picchu.  La cifra representa un incremento geométrico respecto a los 4.000 restos de cerámica anunciados en el año 2006 tras un preacuerdo entre Yale y una misión liderada por el ministro Garrido Lecca.  Es decir, que el robo continúa.

Son 40.000 piezas extraídas de un sólo sitio remoto, almacenadas en un sólo museo universitario.  ¿Cuánta riqueza cultural indígena no se encontrará en todas las colecciones particulares e institucionales del hemisferio del Norte?

Los hechos hablan por sí mismos.  Las culturas menospreciadas del Sur en realidad son altamente valoradas, aunque no así sus creadores–se entiende ahora que los indios de antes pudieran haber sido grandes creadores, pero no los de hoy.  Los propios pueblos herederos de esas culturas participan en el saqueo actual, motivados a venderlas por la necesidad de sobrevivir, como en ciertos otros países hay quienes venden sus hijas menores por la pobreza de la familia.  Los gobiernos latinoamericanos en su conjunto, que en general no respetan a los pueblos autóctonos mucho más que los europeos o estadounidenses, o no pueden o no quieren defender su herencia histórica.  Y los sabios e ilustrados del Norte saben  perfectamente bien lo que están haciendo y siguen haciendo.

Valga como metáfora de la relación general Norte-Sur, y la de los gobiernos latinoamericanos con sus pueblos indigenas.  Y que sirva para entender mejor lo que dice Álvaro Colom, el nuevo presidente de Guatemala, cuya población es mayoritariamente indígena y mayoritariamente marginada; y lo que están haciendo los gobiernos de Evo Morales y Rafael Correa en Bolivia y Ecuador por rescatar los valores de sus respectivas naciones.

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