Charles Aznavour, gigante de 1,65 m, se despide de América Latina

PARIS (AFP) – Charles Aznavour, gigante de 1,65 que encarna en el mundo a la canción francesa, inicia este jueves en Sao Paulo una gira de despedida de América Latina, aunque, a sus 83 años bien cumplidos, él afirma que “nunca pronunció la palabra adiós”.

Su gira, parte latinoamericana de un recorrido mundial que empezó en 2006 en Estados Unidos y prosiguió en 2007 en Asia y Europa, lo llevará después de Brasil a Uruguay, Argentina y Chile: en total 10 conciertos hasta el 9 de mayo próximo.

Compositor, cantante y actor, con una carrera de medio siglo de éxitos tras él, Aznavour agregó el año pasado a su recorrido la condición de escritor, al publicar su primer libro de cuentos, titulado “Mon père, ce géant” (Mi padre, ese gigante).

Y sin embargo, antes de alcanzar el éxito, debió luchar para imponer su físico y su voz atípica, que le valió en sus debuts el apodo poco elogioso de “Aznovoice” (juego de palabras que significa “no tiene voz”).

Charles Aznavour (cuyo verdadero apellido es Aznavourian) nació en París el 22 de mayo de 1924, hijo de una pareja de inmigrantes armenios, y siempre ha guardado un fuerte vínculo con el país de sus padres.

Al principio, su objetivo era convertirse en actor, pero se lanzó a la canción en dúo con Pierre Roche en los albores de los años 40. En 1946 se relacionó con dos grandes figuras de la canción francesa, Charles Trenet y Edith Piaf, a la que acompañaba al piano.

Escribió canciones exitosas cantadas por Piaf o por Juliette Gréco, pero no tuvo entonces ningún éxito como intérprete.

Las cosas cambiaron a mediados de los años 50 con el éxito “Sur ma vie” (“Sobre mi vida”, 1954) y actuaciones en el Olympia y el Alhambra de París. En el cine, rodó a las órdenes de Truffaut “Tirez sur le pianiste” (Disparen contra el pianista) en 1960, el mismo año de “Je m’voyais déjà” (Yo me veía ya), uno de sus más famosas canciones.

En 1963, Aznavour triunfó en el Carnegie Hall de Nueva York y pasó a ser una estrella mundial de la canción francesa.

Dos años más tarde, montó en el teatro musical parisino Châtelet la opereta “Monsieur Carnaval”, con “La bohemia”.

En los años 70, abordó en sus canciones temas de sociedad: “Mourir d’aimer” (Morir de amor), basado en la película epónima inspirada en el caso real de Gabrielle Russier (profesora que se suició tras el escándalo provocado por su relación amorosa con un alumno) o “Comme ils disent” (Como ellos dicen), sobre la homosexualidad.

Sus canciones eran reinterpretadas por los grandes: Ray Charles cantó “La Mamma”, Fred Astaire “Les plaisirs démodés” (Los placeres pasados de moda) y Bing Crosby “Hier encore” (Ayer todavía).

Paralelamente prosiguió su carrera en el cine, trabajando en “El tambor” de Volker Schlöndorff (1979) o en “Los fantasmas del sombrerero” de Claude Chabrol (1982).

Incansablemente, siguió creando canciones, dando conciertos, realizando giras. En 1988, acudió en ayuda de Armenia, arrasada por un terremoto, fundó el comité “Aznavour para Armenia” y escribió la letra de la canción “Para tí Armenia”.

En 1991, compartió el escenario del Palacio de Congresos de París con Liza Minnelli. En 1995, compro el sello discográfico Raoul Breton (Piaf, Trenet).

Su último disco “Colore ma vie” (Colorea mi vida), grabado en parte en Cuba, fue publicado el año pasado, y en él aborda también temas de actualidad, la realidad social de los suburbios o la ecología.

Su estatura de artista universal no le impide seguir teniendo los pies sobre la tierra ni considerando su propia fama con sentido del humor. En declaraciones hechas a la AFP en el marco de la parte europea de su gira, al preguntársele cómo se siente uno cuando es considerado un monumento de la cultura francesa, Aznavour respondió: “Ser un monumento siempre causa placer, pero a condición que las palomas no vuelen alrededor”.

La gira latinoamericana de Aznavour comprende actuaciones en Brasil (Sao Paulo, Brasili

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