Contrastan trayectorias de Benedicto y Juan Pablo entre hispanos

Por Oscar Santamaría

Nueva York.- El principal desafío de Benedicto XVI será quitarse de encima la sombra que arrastra desde el comienzo de su pontificado y acabar con las comparaciones de su predecesor Juan Pablo II, uno de los papas más queridos entre los creyentes hispanos.

Los inmigrantes mexicanos que residen en Nueva York están “ansiosos” por recibir al Papa, sobre todo para poder conocerle más de cerca y con la esperanza de que les haga llegar un mensaje de cariño y apoyo en su lucha diaria.

De lo contrario, si se muestra distante, tal y como es percibido ahora por la mayoría de estos fieles, su visita podría tener un efecto no deseado, opinó el padre John Grange, quien lleva más de 30 años trabajando con inmigrantes latinos.

Grange está desde 1976 al frente de la Iglesia de San Jerónimo, en la parte sur de El Bronx, donde trata cada día con hispanos, en su abrumadora mayoría de origen mexicano, en uno de los barrios más pobres de la ciudad.

Para él, Benedicto XVI llega a Estados Unidos precedido de su fama de profesor, de poco dado a convivir con la gente.

Su principal desafío será quitarse de encima la sombra que arrastra desde el comienzo de su pontificado, hace tres años, y acabar con las comparaciones con su predecesor Juan Pablo II, uno de los Papas más queridos por el pueblo.

“Lo que yo he intentado estos días, por ejemplo en la misa del pasado domingo, es presentarle como un pastor, como alguien que nos cuida, nos dirige, y no tanto como un profesor”, dijo en declaraciones a Notimex.

Destacó que entre Benedicto XVI y Juan Pablo II hay un gran contraste. “Benedicto es más teórico, Juan Pablo era más viajero, visto casi como un héroe”, señaló el religioso.

Grange afirmó que eso algo que percibe en sus feligreses, que no desbordan entusiasmo desmedido, más que nada porque están a la espera de poder conocerle un poco más de cerca, de ver qué les ofrece.

“Lo más importante es que lance a los inmigrantes latinos un mensaje claro y directo de apoyo”, señaló.

“La Iglesia Católica en Nueva York y en Estados Unidos es de peregrinos, de inmigrantes”, dijo Grange al recordar que preguntó el domingo a las 800 personas que atendían su homilía que levantaran la mano quienes nacieron en Estados Unidos: solo tres lo hicieron.

Según datos oficiales, 52 por ciento de los católicos de la Arquidiócesis de Nueva York son hispanos.

De ahí, la importancia que el Papa se dirija de forma directa a los inmigrantes latinos. “Yo espero que toque este tema. También sería muy bueno si habla en español, como hizo en su primer discurso”, añadió.

“Si este Papa quiere ganarse el respeto del pueblo tiene que dar cariño, tiene que dejar a un lado su parte más dogmática, mostrarse más cercano”, insistió el sacerdote.

“Si puede plantar una semilla en el corazón de los inmigrantes sería muy importante, algo muy grande podría crecer”, afirmó.

Respecto a los preparativos que están organizando para recibirle, señaló que todo lo llevan a nivel de diócesis, pero dijo que hay bastantes restricciones y cupos pequeños para asistir a los actos públicos que el jerarca católico oficiará.

Muchos de los fieles, la mayoría, se tendrán que conformar con verle durante el escaso recorrido que hará por el centro de la ciudad después la misa que dará en la Catedral de San Patricio, la mañana del sábado.

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