“Mea culpa” del Papa por pederastia del clero

Por Andrés Beltramo Alvarez

Benedicto XVI se convirtió el miércoles en el primer Papa en hacer un “mea culpa” público en territorio de Estados Unidos por los escándalos de pederastia que involucraron al clero católico en este país los últimos años.

En un discurso pronunciado en inglés ante más de 400 obispos de la Unión Americana –con quienes rezó las vísperas en el Santuario de la Inmaculada Concepción-, insistió en la “profunda vergüenza” causada en la Iglesia por estos episodios.

“Muchos de vosotros me habéis hablado del enorme dolor que vuestras comunidades han sufrido cuando hombres de Iglesia han traicionado sus obligaciones y compromisos sacerdotales con semejante comportamiento gravemente inmoral”, señaló.

Consideró por ello justo dar prioridad a las expresiones de compasión y apoyo a las víctimas, sobre todo de parte de los prelados, porque “su papel es el de curar las heridas causadas por cada violación de la confianza”.

El líder religioso reconoció que la respuesta inicial a esta situación “no fue fácil” y “fue tratada a veces de pésimo modo”; esto en referencia a la actitud tomada por la jerarquía eclesiástica al conocer las denuncias de abuso.

Era práctica extendida entre los obispos hace años, cuando se enteraban de algún caso de abuso presionar a las víctimas para que no denunciaran o, simplemente, cambiar al supuesto responsable de parroquia sin tomar cartas en el asunto.

La actitud de Joseph Ratzinger ahora es distinta, él estableció como prioridad el favorecer la curación, promover la reconciliación y acercarse con “afectuosa preocupación a cuantos han sido tan seriamente dañados”.

“Ahora que la dimensión y gravedad del problema se comprenden más claramente habéis podido adoptar medidas de recuperación y disciplinares más adecuadas y promover un ambiente seguro que ofrezca mayor protección a los jóvenes”, indicó.

Calificó de “vital importancia” proteger siempre a los “sujetos vulnerables” de quienes pudieran causarles heridas y ponderó que los abusos contra menores no se dan sólo en la Iglesia, sino que son un fenómeno extendido en la sociedad.

Por eso propuso que las medidas y estrategias establecidas al interior de las instituciones católicas se apliquen a un contexto más amplio.

“Los niños tienen derecho a crecer con una sana comprensión de la sexualidad y de su justo papel en las relaciones humanas; a ellos se les debería evitar las manifestaciones degradantes y la vulgar manipulación de la sexualidad hoy tan preponderante”, dijo.

“¿Qué significa –agregó- hablar de la protección de los niños cuando en tantas casas se puede ver hoy la pornografía y la violencia a través de los medios de comunicación ampliamente disponibles? Debemos reafirmar con urgencia los valores que sostienen a la sociedad”.

Señaló por tanto la necesidad de construir una renovación moral en la que cada miembro de la sociedad puede contribuir y sacar beneficio de ella.

“Cuidar de verdad a los jóvenes y el futuro de nuestra civilización significa reconocer nuestra responsabilidad en promover y vivir los auténticos valores morales que hacen a la persona humana capaz de prosperar”, estableció.

A los obispos les exigió proclamar fuerte y claro el mensaje contra estas desviaciones y afrontar el pecado de abuso en el contexto más vasto de los comportamientos sexuales.

El obispo de Roma añadió que los sacerdotes necesitan también la cercanía de sus pastores “durante este difícil tiempo” porque han experimentado vergüenza por lo ocurrido y se dan cuenta de haber perdido la confianza que en ellos existía.

“Debemos confiar en que este tiempo de prueba lleve a la purificación de toda la comunidad católica que conducirá a un sacerdocio más santo, a un episcopado más santo y a una Iglesia más santa”, concluyó.

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