El cambio llega a Paraguay, quizás

Fernando Lugo, liderando la Alianza Patriótica para el Cambio, a todas luces ha ganado la presidencia de Paraguay. 

Datos recientes contabilizando casi el 80% de los votos le otorgan un 40,7 por ciento de los votos, superando a la candidata oficialista, Blanca Ovelar, por casi 10 puntos. 

El ex general golpista Lino Oviedo quedaba muy atrás con 21,9 por ciento.  Un cuarto contendiente, Pedro Fadul, logró resultados mínimos. Ovelar y Oviedo reconocieron la victoria de Lugo.

El perdedor principal es el Partido Colorado, que ha gobernado por 61 años y se aferró al poder durante la larga dictadura de Alfredo Stroessner, quien dejó un legado de corrupción, contrabando, violencia y tortura.

Stroessner participó en el Plan Cóndor, la cooperación secreta entre las dictaduras de Suramérica para localizar y eliminar físicamente a los opositores de los respectivos regímenes. 

Después de la salida forzosa de Stroessner, los colorados se mantuvieron en las estructuras del poder.  Juan Carlos Wasmosy, presidente entre 1993 y 1998, calificó a la derrota de los colorados como “catastrófica” para el partido.
 
Lugo ha sido descrito como radical o revolucionario —en Paraguay, la reforma agraria es algo inaudito— pero se presentó con el apoyo de sectores tradicionales como el Partido Liberal, que buscaba la salida de los colorados y reconoció tempranamente que Lugo lideraba las preferencias populares. 

El propio Partido Colorado sufrió una escisión dirigida por el ex vicepresidente Luis Castiglioni, quien aseveró que su movimiento Vanguardia Colorada tomará ahora las riendas del partido, criticando “la autocracia y el autoritarismo” dentro del mismo.

Castiglioni tiene el apoyo de EEUU, que busca consolidar una derecha conservadora antes que enfrentar un nuevo gobierno de izquierda en Latinoamérica. 

El embajador actual de EEUU, James Cason, se dio a conocer por sus provocaciones al gobierno cubano cuando era jefe de la Sección de Intereses de EEUU en La Habana. 

El país del norte mantiene una base militar en Paraguay cerca de los yacimientos gasíferos en Tarija, Bolivia, y Lugo ha dejado saber que no favorece la presencia de esa base.

La economía paraguaya, aparte del tradicional contrabando, muestra un notable crecimiento en la agroindustria, en particular la soya, estando ya entre los principales exportadores de ese producto a nivel mundial.

Las grandes plantaciones se han acumulado bajo acusaciones de violencia contra los campesinos y guaraníes. Se opondrán los magnates del campo a la reforma agraria, como es el caso en Bolivia; sin duda se unirán a sus similares de ese país y a los de Ecuador y Venezuela para buscar el retorno al poder, con apoyo de EEUU. 

Un 30 por ciento de la exportación total paraguaya de soya, trigo y maíz le toca a la compañía estadounidense Cargill, una de las compañías privadas más grandes del planeta. Según la propia compañía, ella posee la fábrica de procesamiento de soya mayor de Paraguay.

Las grandes compañías soyeras usan plantas genéticamente modificadas por la también estadounidense Monsanto, dependiendo del “Sistema Round-Up,” basado en el herbicida producido por la Monsanto.

Por otro lado, Lugo tendrá las simpatías de los gobiernos de Bolivia, Ecuador, y Venezuela, y también de los vecinos Brasil, Argentina y Uruguay, además de Guatemala y Honduras en Centroamérica, probablemente Chile y, sin duda, Cuba. 

Pueda o no Lugo imponer una agenda propia de cambio e independencia, Paraguay se sitúa ahora dentro de las corrientes de cambio en Latinamérica. Se hace posible imaginar un cambio en ese país mediterráneo, por fin, después de décadas. 

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