Amenaza el vacío migratorio a granjeros de Pensilvania

Por José López Zamorano

Filadelfia.- Ante la imposibilidad de obtener trabajadores locales y a raíz de la estampida de migrantes indocumentados, granjeros de Pensilvania empezaron a abandonar los cultivos de vegetales y frutas frescas esta temporada.

“Estamos en riesgo de perder nuestro sector de frutas y vegetales frescos y dárselos a otro países”, dijo a Notimex Keith Eckel, uno de los principales productores de jitomate en Clarks Summitt, en la zona agrícola del norte de Pensilvania.

Eckel, un granjero de 61 años y más de 35 como productor, sabe de lo que habla porque decidió hace poco abandonar por completo la producción de jitomate, del que produce cinco millones de toneladas al año, ante la falta de pizcadores, la mayoría migrantes mexicanos.

“Mi contratista Ray Vega me informó que no podía garantizarme los trabajadores necesarios para la cosecha. y yo no he contratado trabajadores locales para la pizca del tomate desde la década de 1960, cuando venían abuelitas de Polonia”, relató Eckel.

Su granja, de unas 445 hectáreas de extensión, requiere de unos 110 trabajadores para la cosecha del tomate, la más redituable de sus cultivos. El año pasado tuvo 75 y este año el contratista no podía asegurarle el mínimo necesario para la cosecha.

Entre las razones que los trabajadores migrantes dieron al contratista fue que tenían temor de viajar a Pensilvania, donde la cosecha se prolonga seis semanas, de agosto a octubre, debido a las redadas, detenciones y deportaciones de las autoridades migratorias.

Eckel, que requiere invertir 1.5 millones de dólares en plantar la cosecha, optó por abandonar no sólo el jitomate, sino también la calabaza y el maíz dulce, y plantará sólo maíz, para aprovechar los altos precios mundiales de los granos.

Aunque su caso es único por el momento, Mark McNeil del Buró Agrícola de Pensilvania, cree que la situación de Eckel Farms es similar a la de muchos agroproductores del estado.

“Los granjeros de productos frescos están muy preocupados de que no tienen suficientes trabajadores en la próxima temporada en un sector que requiere mano de obra intensiva”, sostuvo en entrevista con Notimex.

Pensilvania alberga 58 mil granjas, la mayoría pequeñas y medianas, pero a pesar de que son una fuente generadora de empleo, los trabajadores locales rehúyen el duro trabajo de campo, aún cuando la paga es superior al promedio, explicó O”Neil.

En su granja, Eckel paga por ejemplo en promedio 16 dólares por hora a sus trabajadores más productivos, en momentos que el salario mínimo nacional ronda los cinco dólares por hora.

“Nadie de los trabajadores locales quiere trabajar 12 horas bajo el sol quemante. Y además se requiere de cierta habilidad. No sólo puedes arrancar el tomate. Tienes que saber distinguir al que está maduro”, señaló O”Neill.

La mayoría de los trabajadores migrantes son mexicanos, aunque también abundan los guatemaltecos y dominicanos.

Eckel lamenta las acciones de aplicación de la ley como las redadas porque considera que están coreografiadas para poner énfasis en la percepción de que el gobierno hace algo, cuando la realidad de los millones de indocumentados en Estados Unidos es otra.

“Se necesita ser ingenuo para que los funcionarios no se den cuenta cuando viajan que son los inmigrantes los que trabajan en los hoteles o restaurantes, quienes arreglan sus cuartos y hacen los trabajos de la cocina”, comentó.

Eckel dice que si la situación de migración cambia, es posible que regresa a plantar jitomate, cuando exista un plan de trabajo temporal que le garantice una mano de obra que en su opinión es “muy valiosa” para Estados Unidos.

“Pero no espero que lo hagan en medio de una elección presidencial, el clima político es tal que esta no lidiarán con este problema este año”, lamentó.

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