Fracasan separatistas de Santa Cruz

Los dirigentes separatistas primero vaticinaron, triunfalmente, que votaría el 80 por ciento de la población cruceña, y que de ella la misma proporción votaría por el Sí. Multiplicando, 80 x 0,80 es igual a 64% de la población, es decir, casi dos tercios, una proporción nada despreciable.

Para el 3 de mayo, habían reducido sus expectativas a “más del 70% para seguir avanzando.” ((La hora de la ´nación camba´.)

El 5 de mayo, resultados preliminares daban un 82 por ciento por el “sí” y 18 por ciento para el “no”, pero con 39 por ciento de abstención.

Si participó un 61% del electorado, y un 82 por ciento de ese total optó por el Sí, el resultado neto es 61 x 0,82, igual a 50,02 por ciento del electorado, un márgen mínimo. 

En una consulta sin veedores neutrales, hubo denuncias de fraude en cuanto a urnas que llegaron a los puestos de votación ya llenas de votos por el Sí, y de violencia contra los opositores del referéndum. En todo caso, el cómputo final será no de una agencia gubernamental,sino de un negocio privado contratado por los separatistas. No es dificil pensar que el voto real por el Sí estuvo por debajo de la mitad del electorado. De ésto, ¿qué puede decir un movimiento que insistía en una mayoría de dos tercios para poder proponer enmiendas a la constitución política del estado?

El referendum resultó en un fracaso para el autonomismo, tomando como base sus propias proyecciones: ni lejanamente se alcanzaron las metas propuestas. El significado para los referéndums que siguen está claro: la victoria anunciada no es inevitable. El autonomismo, encontrando un rechazo prácticamente universal, y manchado por la violencia racista de la Unión Juvenil Cruceñista, por las revelaciones de maltrato de los guaraníes por los hacendados orientales, por la ilegalidad de sus procesos, y por los cálculos preliminares de la inmensa cantidad de tierra ocupada ilegalmente al oriente; y debilitado por las dificultades prácticas y politicas que enfrenta, ya no presenta la fuerza con que sus seguidores contaban.

La expresión democrática popular, si es permitida en futuros referéndums, puede resultar contraria a las expectativas autonomistas.

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