Nebot confirma proyecto autonomista internacional

Jaime Nebot, alcalde de Quayaquil, ha confirmado la existencia de un  movimiento autonomista para América del Sur. La organización se  llama Confederación Internacional por la Libertad y la Autonomía  Regional (Confilar).  En su reunión primera, en septiembre de 2006,  tomaron parte fuerzas políticas de Bolivia, Ecuador, y Venezuela, los  tres países que más se oponen al neoliberalismo liderado por EU.   Perú y Guatemala también estuvieron representados.  (Confirma  alcalde de Guayaquil existencia de movimiento autonomista en  Sudamérica.)

Está en juego una nueva variante del neoliberalismo, que se pondría a  prueba a nivel regional en Latinoamérica.   El modelo busca dejar a un  lado los estados dificultosos, como los que presiden Hugo Chávez,  Evo Morales, y Rafael Correa, mediante la separación jurídica–y  hasta física–de zonas ricas en hidrocarburos, minerales, y campos  disponibles para la agroindustria, como para producir biocombustibles.  De paso, intentaría debilitar políticamente a los  gobiernos afectados. Implica rehacer fronteras, reconstituir naciones.  

Piense en una compañía privada de buses o trenes con rutas que sirven a diversos barrios o regiones.  La gerencia desea concentrar  sus  esfuerzos donde mayores réditos encuentre.  Abandona todas las rutas donde la clientela es escasa, o donde por razones geográficas, demográficas, o las que fuera, las entradas no rinden el máximo; quizás  ni cubran los costos incurridos.   Enfoca la gerencia sus esfuerzos en las rutas de zonas centrales, muy concurridas, y donde la  población dispone de recursos para pagar las tarifas aún si éstas  suben.  

Para la empresa, es lógico: así obtiene mayores ganancias.  Para las zonas alejadas o empobrecidas, sin embargo, el golpe es duro.  Son esas zonas o poblaciones las que más necesitan el servicio por falta de  otras opciones de transporte, las que más necesitan las vías de comunicación para poder desarrollarse.  

Cuando el gobierno es dueño de la compañía de tránsito puede tolerar menores ingresos en algunas rutas, subsanando los déficits en éstas con superávits en otras rutas, en aras del bienestar común y de un desarrollo parejo.  Pero una compañía privada responde a las fuerzas del mercado, y si no obtiene las ganancias máximas puede sucumbir a un competidor.  Los problemas sociales, se los deja al gobierno.

Bolivia es uno de los países más pobres del continente–mejor dicho, empobrecido, porque contiene riquezas inmensas. Por siglos, las minas rindieron plata, estaño, y otros metales, extraídos por obreros indígenas que nunca recibieron educación ni cuidado de salud. Como piezas de cambio, simplemente se gastaban para ser reemplazados.  Ahora el occidente andino e indígena es la región más pobre; poco quedó para el país y sus pobladores.   

Al oriente, el departamento de Santa Cruz ha prosperado en décadas recientes gracias a latifundios de tierras fértiles que rinden grandes ganancias. Ahí, además, se han descubierto reservas de petróleo, y ahí se encuentra el yacimiento de hierro quizás más grande del mundo.  Beni y Pando, al norte, son también latifundistas y agroexportadores. El pequeño departamento de Tarija, al sur, concentra 80% o más del gas del país.  En el centro, Cochabamba maneja bancos y negocios. Son zonas donde la población indigena es minoritaria o está reprimida.

Según el nuevo modelo, es hora de abandonar el país empobrecido e indígena de occidente. Ya no sirve; las rutas no rinden.  Que de su gente se ocupe Evo Morales como pueda.  Los otros departamentos pueden seguir su propio camino, habiendo decidido que las riquezas naturales son suyas, propias, y no para compartir.  Las rutas son muy provechosas, si las ganancias no se comparten; además, se evita que los indígenas se suban al tren.

En Ecuador existe un diferendo similar entre Quayaquil, el centro de negocios y comercio en la costa del Pacífico, cerca de las plantaciones bananeras, y la zona andina e indígena de Quito, la capital que lidera Rafael Correa.  En Venezuela, los recursos petrolíferos se concentran en Zulia, provincia manejada por la oposición contraria a Hugo Chávez.

Por proceso democrático, a nivel nacional, fueron escogidos los  mandatarios de los tres países.  Si los que se oponen a ellos–el  neoliberalismo en su conjunto–no los pueden destituir, es  hora–dicen–de acudir a otra democracia a menor escala, la  democracia de los dueños de las mejores rutas.   Que simplemente se  separen, propone el modelo, acaparando los recursos que puedan controlar, y que se salven por sí mismos los demás.  Conceptos de patria y de hermandad nacional se harán obsoletos; las nuevas regiones responderán a los negocios más grandes y mejores.

Asi de fría es la propuesta, que apunta a afianzarse en un futuro  cercano.  Como confirma el señor Nebot, no es una mera idea en el aire; está respaldada por una organización regional promotora, que sin duda tiene el apoyo de sus mentores del Norte.

El autonomismo de las neo-naciones privatizadas avanza.  Siempre se presentará como adalid de la libertad y la democracia. Quizás,  estimado lector, la encuentre pronto, en su propio país.  Encontrará, también, que la propuesta engendra una oposición decidida.

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