Aquí lo escribí, hoy se comprueba.

Por Rafael Alvarez Cordero

Aquí lo escribí; la guerra de Irak fue una monumental farsa montada sobre mentiras que la Casa Blanca inventó para emprender una guerra inicua e inmoral y apoderarse del petróleo de ese país.

Hoy se comprueba: el ex secretario de Prensa de la Casa Blanca, Scout McClellan publica en su libro “Lo que sucedió en la Casa Blanca de Bush, la cultura del engaño”, que se urdieron toda clase de mentiras para convencer a la opinión pública que Saddam Hussein era un enemigo, aliado de Osama Bin Laden, corresponsable del ataque a las Torres Gemelas, y que se debía acabar con él a toda costa invadiendo Irak.

Aquí lo escribí: que siendo como es un acto de terrorismo totalmente reprobable, el responsable Osama Bin Laden no tenía nada que ver con el dictador de Irak, aunque ambos fueran musulmanes.

Hoy se comprueba: McClellan afirma que las ligas entre Hussein y Bin Laden nunca existieron.

Aquí lo escribí: que la guerra “preventiva” como la que emprendió Bush contra el pueblo de Irak no tenía sustento ni justificación jurídica alguna.

Hoy se comprueba: McClellan escribe en su libro: “Nadie puede saber con certeza cómo será juzgada ésta guerra dentro de unas décadas, lo que sí sé es que la guerra debe ser emprendida solamente cuando es necesaria y la de Irak no lo era”.

Aquí lo escribí: que la maquinación del asesor principal Kart Rove y de Lewis Libby junto con el vicepresidente Dick Cheney urdieron la divulgación de la identidad de Valerie Plame, agente encubierta de la CIA, cuyo esposo el diplomático Joseph Wilson había desmentido que Irak hubiera comprado uranio a Nigeria.

Hoy se comprueba: McClellan confirma que lo engañaron y le hicieron pasar esa información en forma subrepticia y por eso surgió el escándalo que, violando las leyes norteamericanas, expuso la identidad y puso en peligro la vida de Valerie Plame.

Aquí lo escribí: los errores de George W. Bush en relación con la respuesta al Huracán “Katrina” fueron mayúsculos, de entrada no le hizo caso a lo que estaba ocurriendo, luego se quedó en su rancho sin hacer nada, y luego, tardíamente, aceptó enviar ayuda a los millones de norteamericanos que sufrieron en Nueva Orleáns.

Hoy se comprueba: McClellan denuncia la ineficiencia e indolencia con la que tanto Bush como su equipo reaccionaron frente a la tragedia del Huracán, y los errores que costaron muchas vidas y miles de millones de dólares.

Aquí lo escribí: la obsesión de George W. Bush fue superar a su padre y para ello no dudó en engañar a su pueblo y al mundo entero.

Hoy se comprueba: McClellan escribe que “el presidente se había prometido a sí mismo que lograría hacer lo que no logró hacer su padre, ganar un segundo mandato, y eso significaba operar continuamente como si estuviera en campaña, nunca explicando, nunca disculpándose, nunca retrocediendo, nunca reflexionando, nunca reconsiderando, nunca cediendo, y esto fue verdad, sobre todo en el tema de Irak”.

No en balde, en los Estados Unidos, se vende en muchos sitios un reloj que marca días, horas y minutos en forma descendente que dice “Cuánto falta para que se vaya George W. Bush”. (Notimex) (El autor es médico y escritor) [email protected]

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