Prenden “alerta amarilla” las finanzas del Vaticano

Por Andrés Beltramo Alvarez.

Ciudad del Vaticano.- Una masiva y sistemática sustitución de funcionarios de primer, segundo y tercer nivel en el gobierno central de la Iglesia transformó radicalmente en sólo 36 meses el rostro de la burocracia del Vaticano, ya de por sí renuente a los cambios.

Consecuencia de este ajuste sustancial en la Curia Romana ahora Benedicto XVI, pero sobre todo sus operadores, se enfrentan al descontento de mandos medios por ajustes laborales y económicos, una virtual “alerta amarilla” financiera.

Con la llegada de los nuevos funcionarios también se proyectó la renovación de políticas y, sobre todo, se modificó en los últimos meses la situación laboral de varios cientos de empleados de bajo y medio rango, con consecuentes malestares.

La Sede Apostólica es el Estado más pequeño y pluricultural del mundo, en el trabajan en total unas cuatro mil 200 personas, poco más de mil 600 dependen de la Ciudad del Vaticano y el resto (dos mil 600) pertenecen a la Curia.

Los primeros se dedican a la logística (desde policías hasta choferes) de las 42 hectáreas de terreno que ocupa la Santa Sede en Roma mientras el resto desempeñan labores de oficina en los dicasterios (prefecturas, pontificios consejos, academias, etc).

En el Estado Pontificio no existen sindicatos aunque sí oficinas de administración con inflexibles contadores, nunca hay huelgas, los asuntos laborales siempre se manejan con extremo sigilo y hermetismo.

Con la llegada de Benedicto XVI al trono de San Pedro en abril de 2005 se especulaba con aparatosos cambios en las Curia pero esto no sucedió, por el contrario las sustituciones fueron lentas y consistentes.

La modificación más importante llegó el 15 de septiembre de 2006 cuando el cardenal Tarcisio Bertone pasó a ocupar el puesto de “número dos”, Secretario de Estado, en lugar de Angelo Sodano, gestor de los últimos años de Juan Pablo II.

Con el arribo del purpurado se proyectaron modificaciones en todos los niveles, no sólo de personas sino también de esquemas de trabajo. En noviembre de 2007 se anunció un nuevo sistema de “meritocracia” laboral. Principal operador de la iniciativa fue el cardenal Atilio Nicora, presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA) quien ideó un “tabulador” de 10 categorías de sueldos según niveles de trabajadores.

Esto en un principio fue percibido como una ventaja pero poco duró esa concepción cuando los empleados vieron desaparecer de sus recibos de sueldo apoyos por conceptos históricos que ahora les eran cancelados. Ello, como resultado de una minuciosa revisión y un rígido esquema de ahorro implementado por la nueva estrategia dictada por Bertone. La consecuencia: enojos, malestares y críticas a nivel de la oficinas.

“Los cambios en el papel son muy lindos pero quienes sufrimos las consecuencias somos quienes estamos abajo, quienes trabajamos todos los días y vemos la magnitud de estas decisiones”, dijo a Notimex una fuente de Curia que habló a cambio del anonimato.

“Todas estas disposiciones comportan ventajas para el personal y naturalmente un agravio para las administraciones, que son invitadas a un sabio empeño administrativo”, indicó un texto oficial que anunció las medidas en noviembre de 2007.

Resultado: algunas de las decisiones tomadas para ahorrar terminaron afectando a los mismos trabajadores cuya situación pretendían mejorar, creando malestares innecesarios en la burocracia más noble del mundo, Según datos de la Prefectura para Asuntos Económicos de la Santa Sede el balance del ejercicio 2006 del Vaticano cerró con un resultado positivo, arrojando un superávit de 2.4 millones de euros (3.7 millones de dólares).

Los datos duros no hablan de crisis profunda pero si de previsiones y ajustes, la necesidad ha obligado a los administradores papales a prender en amarillo el semáforo financiero con consecuencias para los empleados, donde el trabajo es cuestión de fe.

NOTIMEX

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